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"Mutuo-acomodo"

| Etiquetas: , , , | Posted On 18 de mayo de 2010

Vamos atrasados con las entradas. Lo sabemos. Pero es que la agenda viajera que llevamos nos tiene alejados de la red. En cualquier caso, “piano piano” vamos a ir desgranando nuestras aventuras de estas últimas semanas.

Hace un par de entradas, un comentario nos preguntaba si se puede sobrevivir con la beca que nos dan a los Erasmus. Es cuestión de saber administrarse y de informarse antes de venir de cuántas becas hay disponibles. La mayoría de comunidades autónomas dan una pequeña cantidad a los estudiantes que nos vamos al extranjero. Y luego, muchos ayuntamientos también tienen destinado una cantidad en los presupuestos para los Erasmus. A todo esto hay que sumarle las empresas y entidades que dan becas, como la Fundación Fernando Alonso entre otras.

Pero lo que de verdad hace que se amortice una Erasmus es saber en qué gastarse el dinero. Desde buscar los supermercados más baratos, hasta saber qué sitios de fiesta son gratuitos. ¿Por qué creéis que se llama ‘Economía del Estudiante’? porque se usa durante la época que estás en la universidad, no. Es porque hay que estudiar en qué gastarse el dinero.

Hay que utilizar la estrategia que usaba el Imperio Romano: primero establecer el campamento base (comprar todas las cosas de la casa en los “tutto a un’euro” y en el IKEA). Luego explorar las zonas colindantes (es decir, buscar en Bolonia los sitios con descuentos para Erasmus). Y por último conquistar el territorio bárbaro (salir de viaje).

Para viajar lo mejor es usar el tren y el avión. Trenitalia y Ryanair. Y siempre consultando los precios y los horarios por Internet. Por ejemplo, para ir en tren a Firenze, si se pide directamente en la taquilla te cobrarán casi 20€. En cambio si buscas los regionales, puedes ir y volver por menos de 10€ (cambiando de tren en la pequeña localidad de Prato). Y luego ¿qué os voy a contar de Ryanair? Puente aéreo a Bratislava, Frankfurt… y si el aeropuerto de Bolonia no viaja hasta el destino deseado, el aeropuerto de Rimini y de Pisa no quedan a más de 2 horas en tren.

Y por último el alojamiento. Aquí hay tres opciones. Hacer viajes de un día. Buscar alojamiento con Hostelworld. Y dormir en casa un amigo. Nosotros hemos usado las tres opciones. Pero vamos a centrarnos en esta última opción: utilizar a los ‘Erasmus por el Mundo’.

Junto con nosotros, muchos otros amigos están de Erasmus en alguna ciudad europea. Es el caso de Antonio en Turín, Irene en Holanda, Almudena y Neus en Polonia, Dani en Frankfurt y Andrea en Reino Unido. Y de alguna forma u otra todos tenemos un pacto firmado de ‘mutuo-acomodo’. Allora, ellos pueden venir a nuestra casa sin problema y nosotros visitarles igualmente. Hasta ahora son varios los que han pasado por el número 17 de Amendola. Y ahora es nuestro turno de devolverles la visita.

La primera ha sido Andrea. Con unos bocatas y el abrigo bajo el brazo (porque en Italia ya empieza el buen tiempo), cogimos el avión destino Bristol. Volamos desde Rimini, por aquello de ahorrarnos unos euros porque el billete era más económico desde allí. Y tras dos horas y media, menos una hora por el cambio de huso, llegamos a Inglaterra. Ojo, a Inglaterra, porque Bristol está en esa región. Y luego cogimos un tren a Cardiff, en Gales (ya no es Inglaterra, y ni se te ocurra decirlo). Y por último, nos bajamos en Swansea, la ciudad Erasmus de Andrea.

Es curioso, porque hasta ahora siempre que hemos viajado ha sido con prisas y en plan turista (hotel, McDonald’s… guías, mapas, autobuses), pero este viaje fue diferente. Andrea nos enseño su vida Erasmus y nos empapamos de otra rutina cotidiana de estudiante. Allí no leen el “giornale” sino el “newspaper”, el “cappuccino” son “eggs and bacon”, la “biblioteca” es una “study-room” y el “mercato” un “supermarket”.

Pero la esencia Erasmus es la misma. Ya nos lo dijo Andrea cuando nos visitó en noviembre. Y ahora lo hemos comprobado nosotros. El intercambio cultural entre países existe y las fiestas internacionales son calcadas. Tienen asociaciones de estudiantes que les llevan de viaje y tienen descuentos con la tarjeta Erasmus. Es todo exactamente igual, pero diferente. Es en inglés. Es otro modelo. Tienen otro horario y otras costumbres. Las calles son diversas, no están bajo arcos. Las casas no son medievales, sino unifamiliares y de dos plantas. La universidad no está en integrada en la ciudad, sino que tiene un campus de césped inmenso…

Fueron cinco días de excursiones, paseos, fiestas y sobre todo de llenos de buenos momentos. Y nos sirvió para comprobar que da igual dónde se esté de Erasmus, si en la ciudad con más estudiantes de Europa o en un pueblo costero del sur de Gales, lo importante es tener predisposición para aprender y pasarlo bien. Y nosotros la tenemos.






Gracias Andrea por este viaje. La próxima ya, en Elche.

Un abrazo, Salva.

101 cosas que hacer en Bolonia

| Etiquetas: , , , | Posted On 2 de mayo de 2010

El pasado día 23, Sant Jordi, me pasé por una de las muchas librerías que llenan la ciudad. Hay una al lado de las Dos Torres, otra en medio del mercado medieval, en la calle principal… y hasta hay una ¡dentro de una torre! En esta última encontré este libro, que fue el que le regalamos a Frantisek por su cumple. Y es verdad, Bolonia ofrece la posibilidad de hacer 101 cosas ¡y muchas más! Aunque esa no sea la primera impresión que da.

Por ejemplo, nuestra primera opinión de la ciudad fue un desaliento. Nosotros llegamos en Julio para buscar piso y el primer contacto fue el del trayecto del aerobús a la estación [5€ que se pagan directamente al “autista” (conductor) en la puerta del aeropuerto]. Desde la “naveta” (autobús urbano) pudimos ver a grandes rasgos lo que nos depararía nuestra casa durante la Erasmus: las paredes están pintarrajeadas, los edificios son viejos y están algo sucios, conducen muy mal y las calles están llenas de tendidos eléctricos y cables del tranvía.

Pero afortunadamente las primeras impresiones no siempre cuentan.


Vale que Bolonia no sea tan bella arquitectónicamente como Florencia. Ni tan turística como Venecia. Ni tan histórica como Roma. Ni tenga el nivel de vida de Milán. Ni el número de habitantes de Nápoles. Pero Bolonia tiene algo que las demás no tienen. Un encanto particular. Un ambiente estudiantil acogedor. Unos pórticos que cubren casi la totalidad de las aceras. Una basílica que es la cuarta más grande del mundo. Unas torres que conforman una silueta única de la ciudad… Y encima es la capital europea de la cultura.

Es verdad. Hay 101 cosas que hacer aquí. Cientos de lugares que visitar. Y ahora con el buen tiempo, más todavía. Y estos son algunos de los ejemplos de esas cosas que se pueden hacer en Bolonia, por ejemplo en 72 horas:

1. Asistir a los espectáculos espontáneos de artistas callejeros en piazza Maggiore

2. Imaginarse cómo sería la basílica de San Petronio, que estaba destinada a ser la mayor del mundo.

6. Leer una revista, escuchar poesía o ver un film en Sala Borsa, la biblioteca más grande de Bolonia.

8. Sentarse en el teatro del Archiginnasio (donde se estudiaba anatomía, en piazza Galvani)

12. Recorrer las calles del mercado medieval de Via Pescheria Vecchia
14. Comer “tagliatelle al Ragù” (a la boloñesa). Nosotros recomendamos cualquier restaurante de Via Irnerio. También hay que probar la lasaña típica de la región.

17. Perderse en el Ghetto ebraico de la ciudad. Situado entre Via Zamboni y Via Oberdam hay decenas de callejuelas y estrechos callejones que rompen con la armonía línea del resto de la ciudad.

20. Visitar las “siete chiese” (siete iglesias). En Santo Stefano, el conjunto cristiano lo conforman siete templos, cada uno de una época artísitca.

24. Visitar las ocas de los “Giardini Margherita”.

25. Aprenderse de memoria los nombres de las puertas de la ciudad. Actualmente se conservan todas las puertas y parte de la muralla que rodeaba la ciudad en la época medieval y que dan nombre a los barrios. Y es que desde cada puerta sale una calle que confluyen en el centro, en las Dos Torres.
27. Visitar la tumba de Santo Domingo.

30. Ir a la caza de los jardines secretos. Muchos antiguos palacetes convirtieron sus patios internos en jardines y hoy, através de mirillas y rejas se pueden descubrir decenas de ellos.

36. Recorrer sus más de 38 kilómetros de arcos que protegen las aceras.

43. Visitar la capilla Sixtina medieval de Bologna: el oratorio de Santa Cecilia.

[…]

101. Subir a la torre Asinelli. ¡Ojo! Esto sólo lo puedes hacer si te has licenciado ya, porque la leyenda cuenta que si subes durante tu época de estudiante del Alma Mater, no te graduarás…

Estos son sólo algunos ejemplos de la larga lista del libro de Margherita Bianchini, autora del libro que curiosamente estudió en la misma Facultad que nosotros. Eso sí, hay una cosa que no ha incluido en el libro (es obvio que no todo cabe en 327 páginas); pero creo que lo ha hecho a propósito. En concreto son siete cosas. Y es que Bolonia ofrece “Sette Segreti”, imperceptibles para el ojo del turista convencional. Pero que todo Erasmus tiene que descubrir y ver.

No busquéis en Internet; ni le preguntéis a veteranos Erasmus: NO os van a decir dónde están escondidos… nosotros iremos desvelando cada semana uno de ellos (sin decir su emplazamiento); así os obligamos a venir a Bolonia a descubrirlos…

Porque Bolonia tiene 101 que hacer y 7 por descubrir.

Un saludo, Salva.



A los pies del Vesubio (II)

| Etiquetas: , , , , | Posted On 21 de abril de 2010

Sepultada bajo las cenizas de un gigante dormido, Pompeya también ocupó unas horas de nuestro viaje napolitano, aunque si bien fueron pocas. Las ruinas de aquella urbe arrasada en el 79 d.C. salpicaban las colinas tapizadas de hierba bajo la atenta mirada del orgulloso Vesubio.
De la mano de un guía turístico recorrimos las calles pompeyanas descubriendo entre guijarros y columnas desportilladas la historia de la antigua ciudad romana. Allí entramos, ficticiamente, a la vinatería (donde se conservan los recovecos excavados en la piedra para añejar el vino Vesuvinum –propio de la región–), a los templos, a las termas, a la panadería (donde aún se erige el horno donde cocían el pan y en el que se encontraron 33 panecillos carbonizados intactos después de la erupción, -alguien se olvidó de apagar el horno-) y entre otras cosas, al lupanar (donde pompeyanos y extranjeros eran atendidos por los “servicios sociales”, según dijo el guía).

Además, en Pompeya también nos dio tiempo para perder la compostura recreando la famosa imagen de los Beatles en Abbey Road o bien sacar alguna que otra fotografía poco seria (como sacar fotos instantáneas de nuestros saltos desde las columnas). /Todas ellas en el Picasa/.

La visita de la ciudad terminó en el supermercado, pero no en uno antiguo, sino en uno bien moderno llamado Carrefour. Situado fuera del complejo arqueológico, la multinacional francesa fue parada obligada, aunque nos robase horas de ocio en Pompeya, para comprar (cómo no) bebida y algo de víveres con los que alimentar el picnic del día siguiente en Capri.

La pequeña isla del golfo napolitano fue el próximo destino. Casas colgando de las faldas de las montañas pintadas por la brisa mediterránea, estrechas callejuelas combinando los negocios locales de ultramarinos con las boutiques de grandes marcas, y un sinfín de senderos que recortaban las sinuosas pendientes de los acantilados y nos precipitaron hacia los ‘faraglioni’. Un conjunto de calas y grandes rocas que surgían del mar donde tomamos el sol al más puro estilo cañí, llenamos el estómago con la compra carrefourniana y hasta nos remojamos los pies (algunos el cuerpo entero) en aquellas aguas cristalinas infestadas de medusas violetas.

Capri nos dejó impregnado en el cuerpo el olor a sal y a brisa marina del que poco después nos deshicimos con una buena ducha y una exquisita cena en un restaurante napolitano, “Lo squalo” (el tiburón). Junto a nuestro inseparable checo, un asturiano, un castellanoleonés y una serbia que hablaba siete lenguas, degustamos el pescadito del golfo de Nápoles (ése que los pescadores exhibían en improvisadas lonjas) y la especialidad de la “casa”, la pizza napolitana (dos “Vesubios”, una “Tonnata”, una “Caprese” y dos “4 stagioni”). Y de postre, un dulce típico napolitano, la “pastiera”, una torta echa de harina, huevos, ricotta, leche y los trucos del artesano.

Para poner el broche a nuestra escapada a Nápoles y alrededores, la última escala la hicimos en Caserta, un municipio situado al norte de la región, que alberga el Palacio Real de Casa Borbón-Dos Sicilias. Caminamos entre alfombras con siglos de historia y bajo lámparas suntuosas que iluminaban los frescos de los techos de las estancias. Andamos 6 kilómetros por los jardines reales, inmortalizamos los momentos de cansancio y desvaríos bajo la lluvia, y esprintamos en los últimos segundos antes de volver al autobús en una ajustada competición maratoniana entre España, República Checa y Serbia en la que la primera fue la clara vencedora.

Sin duda, un viaje inolvidable que nos deja nuevos amigos, amplía fronteras y prepara el terreno para el que será el último viaje ESN, la Apulia (Puglia –el tacón de la bota–).

Ecco qua! Las fotografías de la “gita” (excursión) a Nápoles y alrededores.

¡Saludos!

P.D. Iremos actualizando los álbumes picasa con nuevas fotos. ¡Atentos!

Rubén

A los pies del Vesubio (I)

| Etiquetas: , , , , , | Posted On 19 de abril de 2010

Pensaba que en Italia, por ser un país alargado, las carreteras iban a ser líneas rectas que recorriesen las ciudades “da nord a sud”; y por tanto no me iba a marear. Y encima que como iba a viajar de noche, iba a pasarme todo el trayecto dormido. Pero ni con esas conseguí librarme del “male di macchina” (mareo). Al final, tras una noche movidita llegamos a Nápoles, la capital del sur italiano.

Antes de adentrarnos en esta megalópolis, unas recomendaciones: llevar siempre la cartera en los bolsillos delanteros, con un máximo de 30€ en efectivo; no separarse del grupo y mucho menos recorrer las callejuelas; alejarse de los trileros y vendedores ambulantes, que ofrecen IPhone’s por 50€; y sobre todo no cruzar la calle sólo. Y es que Nápoles es una caos organizado, donde los coches no respetan ni los semáforos, ni las señales y mucho menos los pasos de cebra. A modo de curiosidad, tres de cada cuatro coches tenían una abolladura o un faro roto. La ciudad tiene fama, mejor dicho mala fama, de ser conflictiva. Obviamente no vimos a El Padrino, pero el ambiente de trueques y chanchullos está presente hasta cuando vas a comer a un restaurante.

Aun así es una ciudad con un encanto particular. Es cómo viajar a una película de Fellini, donde todavía las mujeres mayores bajan la basura con un cordel desde el balcón, y se llama a los niños por la ventana para cenar, porque están jugando en medio de la calle (aunque por ésta pasen coches). Y todo coronado por el gran Vesuvio (en italiano la segunda se escribe con ‘v’ y no con ‘b’).

El horizonte es completamente plano: a un lado el mar Tirreno y al otro la llanura de la “Campania”. La línea recta sólo se rompe por el impresionante volcán, y sus colinas contiguas. Entre ellas alguna por las que se esparce la ciudad. Y es que Nápoles es un sinfín de bloques de edificios a modo de colmena, unidos por cientos de tendidos eléctricos y farolas colgantes.

La ESN lleva haciendo este viaje desde hace siete años, así que ya saben cómo moverse por la ciudad. Nos hicieron un tour por las principales calles llenas de puestos ambulantes. Unas cuantas fotos en la antigua fortaleza y una “gelatto” en la plaza del Plebiscito completaron la jornada, que acabó con una cena a base de pizza al modo napolitano (no, no existe una ‘pizza napolitana’, como no existen los ‘spaghetti a la boloñesa’. La pizza se caracteriza en Nápoles por tener los bordes gordos, no por los ingredientes que lleva). Otro de los platos típicos de la región es el pescado que en la mayoría de restaurante suele ser fresco. Aunque también lo puedes comprar directamente a los pescadores; y es que vimos como al desembarcar en la playa, montaban improvisadas lonjas donde exhibían los animales todavía vivos y coleando.

Todos los viajes de la ESN incluyen de alguna forma el alcohol en su agenda y éste no iba a ser menos. Lo que pasa es que cada uno se lo toma como quiere. Están quienes fomentan el mito de Erasmus igual a borrachera continua; y quienes no dependemos de una botella para pasar una noche de fiesta. De esa forma, cuando cayó la noche nos reunimos en la terraza del hotel, y compartimos unas risas a los pies del Vesubio.

A grito de “sveglia” (despertador), a las ocho de la mañana nos preparamos para subir al Vesubio. Una vez arriba del volcán, cuando visitábamos el cráter y después de que la guía nos contase cómo fue la explosión del 79 d.C. que sepultó Pompeya, nos enteramos que media Europa estaba sobrevolada por las cenizas del volcán de Islandia. En el que estábamos sólo salían pequeñas columnas de humo, que la guía se apresuró a decir que eran normales chimeneas naturales de vapor de agua. Pero por si acaso, nos hicimos la foto y bajamos rápidamente de allí. Eso sí, ya podemos decir “yo he estado en el cráter de un volcán”.

Y así, como la lava, descendimos dirección Pompeya. Pero eso ya es otra historia...

Ahora os dejo con las fotos de esta primera parte




Hasta entonces, un saludo boloñes. Salva.

¿Cómo hace el cocodrilo?

| Etiquetas: , | Posted On 12 de febrero de 2010

¡Ya estamos de vuelta en Bolonia! Ha sido rápido: un examen, dos paellas y muchos reencuentros fugaces. Y ahora la vista puesta en el próximo sábado, cuando vayamos al carnaval veneciano.

Alguna vez hemos comentado que cuando quedamos con nuestro grupo de amigos de aquí parecemos eurovisión: hay franceses, alemanes, checos, italianos… y por supuesto españoles. Y es que Bolonia es la ciudad italiana que recibe más Erasmus de toda Italia, por lo que es fácil conocer gente de todas partes de Europa. ¡Y es una oportunidad única! A los nuevos estudiantes Erasmus les recomendamos que intenten no juntarse sólo con españoles, que aunque sea más fácil, eso siempre lo vas a poder hacer en España. Además salir con gente de otras nacionalidades te ayuda a descubrir interrogantes surrealistas que de otra forma jamás te plantearías. Porque, alguna vez alguien se había planteado qué sonido hace un “coccodrillo” (cocodrilo).

En una de estas cenas en las que nos juntamos alrededor de una ‘quiche’, unas salchichas de Frankfurt y una tortilla, comenzamos a hablar de las onomatopeyas de los animales. Las francesas nos discutían que el gallo no hace “kikiriki” (como decimos en España), sino “kokorico”. Descubrimos como el ladrido de un perro puede ser distinto según en el país en el que esté: en Alemania hace “woof-woof”, mientras que los italianos nos dijeron que aquí hace “bau-bau”. El checo nos interpretó el cantar de los pájaros de su país, que no tenía nada que ver con los pájaros españoles o franceses… Total, que acabamos imitando el balido de las ovejas, el ronroneo de los gatos, cómo barritan los elefantes, el arrullo de las palomas, el graznido de los patos y hasta el relinchar de los caballos. ¡Un zoológico de sonidos!

Y cuando ya parecía que no había más animales en esa improvisada Arca de Noé, el italiano nos planteó una duda: “Il coccodrillo come fa?”. Es una pregunta que llevan haciéndose desde la guardería en Italia. Y es que hay una canción infantil que intenta dar respuesta a esta pregunta…. Y hasta ahora “non c’è nessuno che lo sa” (no hay nadie que lo sepa).



¿Y vosotros cómo decís que hace el “coccodrillo”?

Salva

30 razones para venir de Erasmus a Bolonia (II parte)

| Etiquetas: , , , , | Posted On 22 de enero de 2010

Después de una agotadora jornada de estudio, toca momento de respiro y… ¡blog! Aquí llega la segunda tanda de razones para venir de Erasmus a Bolonia.

1. Porque es una ciudad muy abierta y tolerante gracias a la pluralidad de sus gentes. (En Bolonia conviven multitud de personas de distintos países y de distintas partes de Italia).


2. Porque los boloñeses son personas muy humildes, trabajadoras y generosas. Todos los italianos coinciden en ello. Tienen un carácter muy humano.

3. Porque es una ciudad que en los recorridos turísticos siempre pasa desapercibida en pos de Florencia o Pisa. (Y éstas dos no reúnen ni la mitad de encanto que Bolonia).

4. Porque en contra de lo que muchos digan, Bolonia no es una ciudad cara. Al contrario, hacer un Erasmus en Bolonia es mucho más barato que hacerlo en Milán, Florencia o Roma.

5. Porque el clima de Bolonia es muy “completo”. En invierno tienes algo de frío y nieve (sin subir a los Alpes) y en verano calorcito y playa (yendo a Rímini en tren, un pueblecito cercano).

6. Porque es la cuna de célebres personajes como Marconi, Pasolini o la gran Raffaella Carrà. (Esta última muy querida por la comunidad italo-española).

7. Porque es una ciudad pequeña que puedes recorrer a pie, de punta a punta, sin necesidad de coger ningún transporte.

8. Porque se mueve a dos ruedas. Bolonia posee una extensa red de carriles bici que permiten desplazarte de forma sencilla, económica y además saludable.

9. Porque puedes conectarte con tu portátil a la red wi-fi de la ciudad de forma gratuita. (Hay puntos wi-fi en la piazza Maggiore, Via Zamboni, piazza Galvani, Via Rizzoli...). – Un punto positivo para los Erasmus que las primeras semanas aún no tienen internet.

10. Porque siempre hay algo en Bolonia. Números de malabaristas a pie de calle, ferias de artesanía, conciertos improvisados de carácter benéfico en alguna plaza…

11. Porque en noviembre celebra una de las ferias del chocolate más ricas y famosas de Italia. ¡El Cioccoshow!

12. Porque es una ciudad medieval con un encanto muy particular. Aquí el mercadillo medieval es permanente los 365 días del año.

13. Porque Bolonia no merece la fama que le está dando el dichoso Plan, ya que aquí no existe el plan como lo conocemos los españoles.

14. Porque te obliga a volver a la ciudad, después de acabar la Universidad, para explorar un rincón que no pudiste ver durante tu Erasmus: la subida a la torre Asinelli.

15. Porque esta razón la debes escribir tú después de hacer tu Erasmus en Bolonia.

¿Acaso no son razones de sobra para venir de Erasmus a Bolonia?

¡Saludos!

Rubén

In bocca al lupo!

| Etiquetas: , | Posted On 21 de enero de 2010

Como bien explicó Rubén en un comentario: ‘Estamos de exámenes’. ¡Sí! ¡de Erasmus y estudiando! La semana que viene tenemos las pruebas escritas de “Sociologia Politica” y “Analisi del Linguaggio”, y el primero de febrero “Psicologia della Comunicazione”.

Hace tiempo que quería describir cómo es el sistema universitario boloñés, y me gustaría empezar desmitificando ‘Bolonia’. Aquí no hay Plan. Pero tampoco es como en España.

El curso se reparte en dos cuatrimestres, divididos en dos periodos cada uno. En total cuatro periodos en los que se desarrollan las “lezioni” (clases). Como las asignaturas sólo duran un periodo, cada dos meses cambiamos el horario. Al final de cada periodo se hacen los exámenes. [No escribo las fechas exactas de los periodos, porque en cada “facoltà” (facultad) son diferentes].

También se diferencia el sistema italiano del español en las “insegnamenti” (asignaturas). No sólo porque aquí sean muchísimo más teóricas que en la UMH, sino porque distinguen entre ‘materia de clase’ y ‘materia de examen’. Con otras palabras: lo que imparte el “professore” (profesor) en clase no es lo mismo que lo que pregunta en los “esami” (exámenes). Con lo cual si no vas la uni pero te lees toda la bibliografía, puedes aprobar con matrícula.

En cuanto a los “voti” (notas), tienen un sistema algo más complejo del que estamos acostumbrados. Puntúan del 0 al 30. Para aprobar hay que superar el 18 (que sería equivalente a un 6 español). Luego los exámenes tienen varios “appelli” (convocatorias). La primera justo al finalizar el periodo en el que se ha impartido la materia. Luego cada mes (o mes y medio) hay un nuevo “appello” y puedes elegir en cual apuntarte. Porque esa es otra, a los exámenes hay que apuntarse por internet, con un plazo de hasta dos días antes de la fecha. Generalmente los italianos no van a la primera convocatoria, a no ser que se ‘vean sobrados’. Nosotros probaremos suerte y ya nos hemos apuntado… ¡qué nervios!

Así que aquí estamos estudiando la bibliografía… unos ‘tochacos’ in italiano, que poco a poco vamos resumiendo, con diccionario en mano (y estampita de San Agatángelo en otra). Y pese a lo que diga la leyenda urbana: ¡no te aprueban diciendo “sono Erasmus, non so parlare italiano”! En todo caso son un poco más benévolos, sobre todo si el examen es oral.

Pero por desgracia el primer ‘appello’ que tenemos es tipo test (y una “croceta” (equis) se hace igual en todas las lenguas). Así que deseadnos mucha suerte, o como dicen aquí: In bocca al lupo!

Creppi! Salva.

30 razones para venir de Erasmus a Bolonia

| Etiquetas: , , , , | Posted On 13 de enero de 2010

Estas fechas de principios de enero son muy señaladas y no porque lleguen las rebajas, porque comience la cuesta de enero o porque las Universidades den el pistoletazo de salida a su periodo de exámenes. No. Estas fechas son importantes porque a los futuros Erasmus del curso ‘10/’11 les adjudican definitivamente los destinos de sus becas. Así que para aquéllos/as que en septiembre vuelen hacia Bolonia y para los/las que están indecisos/as sobre qué destino coger… ahí van unas cuantas razones (de peso) para venir de Erasmus a Bolonia.

1. Porque tiene la universidad más antigua de Europa (y la tercera más antigua del mundo) y un elenco de profesores magnífico, entre los cuales figura el mismísimo Umberto Eco. //En la Universidad de Bolonia estudiaron personajes tan importantes como: Dante Alighieri, Nicolás Copérnico y Petrarca//


2. Porque es una ciudad estudiantil, joven y dinámica que está hecha casi “por” estudiantes y para estudiantes gracias a toda la oferta cultural y de ocio que ofrece (festivales, museos, pubs y discotecas, la pinacoteca nacional italiana…).

3. Porque es la ciudad europea que más estudiantes Erasmus recibe. Y esto es lo más positivo de la “experiencia Erasmus”, el intercambio cultural entre personas de diferentes nacionalidades.

4. Porque además de gente de todas partes de Europa, la comunidad Erasmus española está muy presente en la vida boloñesa, por lo que los españoles nunca nos olvidamos del “paella, toros y olé”.

5. Porque al ser una ciudad universitaria se adapta a las condiciones de los estudiantes (amplia oferta de alquileres de pisos, precios razonables, comedores para alumnos, gran cantidad de copisterías, librerías y bibliotecas, descuentos en cines y tiendas…).

6. Porque hay varias asociaciones que ayudan a los Erasmus a integrarse en su “nueva vida” en acciones como buscar piso, organizar fiestas, excursiones…

7. Porque los locales de “marcha” cierran más tarde que en otras ciudades italianas, aunque la hora de cierre sea las 4 de la madrugada (o las 3:30 en algunos sitios).

8. Porque posee el núcleo ferroviario más importante de Italia y dada su céntrica ubicación puedes viajar a casi todas las ciudades más importantes de Italia (Florencia, Verona, Milán, Venecia, Turín o Roma) por poco dinero.

9. Porque su aeropuerto es uno de los que mayor tráfico aéreo posee Italia. (Y tiene conexiones aéreas de bajo coste a Londres, París, Oslo y Frankfurt, entre otras ciudades).

10. Porque según los extranjeros y los propios italianos es la ciudad de Italia donde mejor se come. (La gastronomía boloñesa es de las más ricas del país).

11. Porque tiene la salsa para pasta más famosa de todas: la salsa ragú o salsa boloñesa.

12. Porque los tortellini, la mortadela o la lasaña nacieron aquí. No encontrarás una sola tienda que no exhiba en sus vitrinas alguno de estos 3 alimentos típicos.

13. Porque la mayoría de sus calles desprenden olor a leña, pizza y pasta. (A saber... Via Piella, Via Augusto Righi, Via Guglielmo Oberdan y Via Montegrappa).

14. Porque tiene más de 37 kilómetros de pórticos (de distintos órdenes arquitectónicos) sobre los que pasear y bajo los que resguardarte del frío o de la lluvia. (Toda una ventaja porque no necesitas paraguas en los días de lluvia o nieve).

15. Porque atesora una riqueza histórico-cultural que resulta envidiable. Desde sus torres monumentales hasta sus cientos de iglesias y claustros.

Y hasta aquí, fin de la primera parte. En la próxima entrada, más razones para marcar Bolonia en la solicitud de destinos Erasmus (y no Erasmus; ya que estas 15 de las 30 razones, también sirven para aquéllos que quieran poner en práctica eso de... "la vida turista").

¡¡Saludos!!

Rubén

Hoy en el Mercado:

| Etiquetas: , , , | Posted On 11 de diciembre de 2009

¡Hemos terminado las clases hasta el 2010! ¡Sí, estamos de vacaciones! Y ahora que tenemos (más) mañanas libres nos hemos ido a dar una vuelta por el mercado. Entre Via Clavature y Via Pescherie Vechie se encuentra uno de los mercados de alimentos más antiguos de Italia. Un mercadillo de callejuelas estrechas en las que te puedes perder entre carritos de la compra y puestos a pie de calle. Aquí puedes encontrar desde pescado, frutas y verduras, hasta pasta recién hecha o flores; ¡ah! y entre todos los puestos hay uno que vende “melagrana” (granadas) ¿y a que no adivináis de dónde son?

Desde bien temprano hasta las siete de la tarde los olores se mezclan en estas calles del centro de Bolonia. Eso sí, pierde un poco el encanto cuando miras los precios. No es que sea excesivamente caro, pero es que en Italia todo está “per le stele” (por las nubes [literalmente: por las estrellas]).

Por mucho que diga precios, no se puede tener una idea de cómo están las cosas hasta que no das una vuelta entre la fruta y la verdura. Los precios en este lugar suelen ser un poco más caros que en supermercados como el Lidl, pero aquí los productos son frescos y de primera calidad. El pescado es de esta mañana. La carne está recién cortada. La fruta es de los campos del alrededor. Y la pasta ¡es fresca!

Hoy nos hemos dado una vuelta por el mercado; y más o menos los precios a 11 de diciembre están así:



*En Italia, al igual que podemos encontrar la sección de charcutería o pescadería, tienen en los mercados (y supermercados) una sección especial para la pasta. La fresca está recién hecha, generalmente de forma artesanal y con recetas tradicionales. Pero para comer pasta no hace falta gastarse mucho dinero, la que viene en paquetes suele estar a mitad de precio (por ejemplo: Spaguetti: 1€/500g).

Del resto de alimentos no sabemos si la diferencia con España es desorbitada o no, así que eso ¡os toca a vosotros comentádnoslo!

Un saludo, Salva y Rubén

¡Un mes aquí!

| Etiquetas: , , , | Posted On 16 de octubre de 2009

Hoy estamos de celebración. Cumplimos un mes aquí y toca hacer balance para saber en qué estado se encuentra nuestra situación. ¡Hagan sus apuestas!

Esta es la historia de todo cuanto ocurrió en un piso de 40 metros cuadrados (¡echados a ojo!).

Apenas llevaba un mes con nosotros y se despidió en la más absoluta soledad. Uno de los miembros de nuestra vajilla IKEA se ha ido para siempre… ¡y sólo ha pasado un mes! El elegido fue un vaso del pack de 6 que compramos. Sí, ya hemos roto un vaso, o mejor dicho, se ha roto, porque fue llegar de la universidad y ver que estaba todo rajado. ¡Una lástima! Ahora de los tres pares, uno se ha quedado huérfano, pero por poco tiempo porque ya le hemos encargado a la cigüeña un sustituto. Estamos apurando el vasito de Nutella, que viene con un dibujo de Snoopy, para reponer nuestra vajilla.

¡Y por sólo 1, 69€!

Por otro lado, otro miembro de nuestra vajilla también sufrió un leve contratiempo. En un intento de fregar en un tiempo récord, un plato salió despedido hacia las profundidades del fregadero y con tan mala suerte fue a dar contra la sartén (también del IKEA). Conclusión: un fuerte ¡crack! y el borde desportillado. ¡Gajes del oficio!

La protagonista del III acto de nuestra historia es la “lavatrice“ (lavadora). No sé si será que la nuestra tiene un carácter muy suyo o que nos quería tomar el pelo, pero cuando conseguimos introducir el detergente y el suavizante en sus cajetines respectivos, dimos con el programa adecuado y encontramos la tecla mágica que la ponía en marcha; nos sentimos poderosos. Tanto que nos fuimos a dar una vuelta y la dejamos “haciendo los deberes”. La sorpresa vino cuando llegamos a casa. Nuestro miedo era llegar y encontrarnos a los vecinos saliendo en góndola del edificio, pero al llegar a nuestra planta el suelo estaba seco. Nada presagiaba lo que nos encontraríamos al abrir la puerta.

De esta guisa nos encontramos la lavadora. ¡Un poco más y tenemos que ir a buscarla al descansillo! Ya nos ha quedado claro que hemos de atarla cuando centrifugue. ¡No se la puede dejar sola!

Aparte de esta cadena de infortunios en la cocina, es importante destacar el papel que ejercen como reloj-despertador nuestras compañeras de balcón: las palomas. No hay mañana en la que una de estas “ratas voladoras” no nos visite cuando todavía no han puesto las calles y empiece a berrear. Y para más inri, una vez despiertos, con la mala leche recorriendo por las venas, nos encontramos con la mano de pintura gratis que le han dado al suelo del balcón. ¡Pa’ cagarse! (¡Nunca mejor dicho!).

Respecto a las relaciones vecinales podemos contaros que ya hemos resuelto el misterio del “felpudo regurgitante”. No, éste no es el título de uno película de Rob Zombie. El caso es que la alfombrilla de la puerta siempre aparecía plagada de extraños seres que no nos explicábamos de dónde procedían (aunque algo sospechábamos). Y cuál fue nuestra sorpresa al descubrir, apostados tras la mirilla de la puerta como dos viejas marujas, que no era nuestra esterilla la que escupía esas bolas de pelo, era la vecina de enfrente, que salía a espolsar el plumero en el rellano. ¡Por favor, quién le encuentre explicación a este hecho que nos lo haga saber o en su defecto, nos proporcione el teléfono de Iker Jiménez! Gracias.

Y hasta aquí da de sí el primer mes en Bolonia. Hay cosas que se quedan en el tintero y otras que saldrán a la luz próximamente, pero hasta entonces sólo queda esperar...

¡Un saludo!

Rubén

La lista de la compra

| Etiquetas: , , , , | Posted On 3 de octubre de 2009

Desde el momento en el que un estudiante ERASMUS desembarca en su ciudad de destino, lo primero que necesita es comer. No sé si será por los nervios, por el viaje en avión o por las ganas irreprimibles de catar la gastronomía autóctona, pero lo cierto es que la mayoría llega con hambre.

Las provisiones en el frigorífico y los armarios no pueden escasear, y teniendo muy en cuenta que la economía estudiantil es cuanto menos boyante, muchos comienzan –o mejor dicho, comenzamos– a poner en práctica desde el minuto cero eso de ahorrar.

Para los futuros ERASMUS que vengan a Bolonia esta entrada puede orientarles a elegir la forma de gastar menos dinero. En Bolonia hay muchos supermercados. Entre los más frecuentados se encuentran Coop, Esselunga, Pam, Lidl y Conad. Luego están otros más pequeños como Crai y las tiendas de ultramarinos regentadas mayoritariamente por pakistaníes; y otros más grandes como Carrefour. Tras nuestras habituales visitas a estos lares, con la lista de la compra en mano, ya hemos sacado algunas conjeturas sobre quécomprar y dónde hacerlo.

He aquí un repaso a los supermercados más concurridos. He aquí cuatro ejemplos de cómo comprar en Bolonia.

Por mayoría absoluta, LIDL es el supermercado más barato. Aquí puedes encontrar productos de buena calidad a un precio bajo. A esta compañía alemana no hay quien le tosa, y es que en cuanto a calidad-precio, no tiene ningún competidor. Lo bueno: precios muy asequibles y verdaderas gangas en su sección de menaje y cosas para el hogar (ferretería, papelería, jardinería, ropa…). Lo malo: que están alejados del centro y ofrecen muy poca variedad en sus productos.


Tras Lidl, la siguiente opción es lidiar con “2x1”, “BIS”, “Offerta” e “Ribasso”. Es decir, un conjunto de estratagemas para intentar captar clientes y llenarse un poco más el bolsillo. Pero por orden de prioridades, el siguiente en la lista es PAM, un supermercado italiano al más puro estilo Mercadona. Lo bueno: productos muy variados, precios medios y ofertas semanales que no están nada mal. Lo malo: mala distribución y precios altos en algunos productos (¡Hay que saber mirar!) y en algunas secciones (léase Papelería).

El bronce se lo cuelga COOP. Otro negocio similar al anterior pero con un aire más descuidado. Lo bueno: Tiene una marca blanca, aparte de la suya propia, que es muy barata y compite por igual con las más caras. Lo malo: precios altos en productos básicos (ej. Huevos, fiambre…), dudosa estética y unos empleados obtusos (subrayo esto último), incapaces de tratar a los clientes.

Y por último, aunque se cae del podio por un motivo de peso, llega CONAD. Uno de los “medianos”, porque no es como Carrefour pero tampoco como el pakistaní de la esquina. Éste último constituye la forma perfecta de dilapidar el dinero a bocajarro. Como diría una conocida: “No hay color”. Lo que hay en Conad, lo puedes encontrar también en otro supermercado, y seguro que más barato. Lo bueno: Las ofertas de 2x1. Lo malo: precios poco competitivos por ser desorbitados. Menor variedad que PAM y COOP y algo alejado del centro.

Aquí os dejamos las direcciones de las “sucursales” a las que solemos ir.

Lidl: Via Sebastiano Serlio

Pam: Via Guglielmo Marconi

Coop: Via Montebello

Conad: Via Sant’Isaia

Esperamos que sirvan de ayuda.

Y ahora, ante la gran expectación que han despertado nuestras “delicias culinarias”, jajaja, os dejamos varias fotos de las siguientes "delicatessen" que hemos ido preparando. Y es que en una ciudad como Bolonia, conocida popularmente como “la grassa” (la gorda) por su excelente cocina, teníamos que dejar el listón bien alto como buenos "gourmets" que somos.

Tortilla de patatas (¡la primera!) con salchichas Frankfurt

Filetes de ternera con salsa de vino tinto y cebolla

Guisado de pollo

Tagliatelle con atún y bechamel

Escalopes de ternera con salsa de vino blanco

2x1 en CONAD

¿Ñoras boloñesas?

¿Adivináis cuál será el próximo plato?

¡¡Un abrazo muy fuerte!!

Rubén