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Los Siete Secretos de Bolonia

| Etiquetas: , , | Posted On 23 de agosto de 2010

¡Si tenemos un Blog…! ya ni nos acordábamos. Y es que después de dos meses en España, volver por a esta web es caer en un cúmulo de recuerdos enorme. Por eso, Rubén y yo hemos decidido dejar paso a los nuevos Erasmus, que en apenas un mes comenzarán su aventura. A todos ellos; a todos vosotros que nos habéis estado siguiendo (o nos acabáis de encontrar buscando en Google “Erasmus en Bologna”), os animamos a abrir un Blog. Contadnos vuestras aventuras y compartir vuestra experiencia italiana. Contagiarnos de vuestras vivencias y sobre todo: dadnos mucha envidia, disfrutando tanto como lo hemos hecho nosotros.

Por nuestra parte, no podíamos despedirnos sin descubriros una cosa. En realidad, siete. Ya lo veníamos avisando desde hace mucho tiempo, pero lo fuimos dejando y al final no lo hemos contado. Es un secreto. Bueno, son “sette”. Siete secretos que se esconden en Bolonia. Siete cosas que pasan desapercibidas para los turistas, pero que todo estudiante tiene que encontrar. Debe encontrar. Porque son siete secretos que sólo se revelan a quien ha recorrido la ciudad varias veces; de puerta a puerta.


Lo bueno que tienen los secretos es que son secretos. No se pude decir dónde están. Ni te los pueden enseñar. Los tienes que descubrir. Fue lo que hicimos nosotros en Bolonia, y lo que les dijimos a todos lo que vinieron a visitarnos. Por eso no vamos a revelaros su localización. Y os pedimos que vosotros tampoco lo hagáis, ni ahora ni a quien os visite. Porque el encanto que tiene Bolonia es que sólo muestra sus encantos quien de verdad vive la ciudad. Pero no vamos a ser “cattivi” y os vamos a dar unas pistas…


“I Sette Segretti”:

1. La Finestrella

Es quizás uno de los más famosos. Un secreto a voces. Y en este Blog lo hemos fotografiado varias veces. Según cuentan los libros de historia, existían varios canales navegables por medio de la ciudad, y se llegó a conocer a Bolonia como la “piccola Venezia”. Los usaban para trasportar mercancía y para hacer girar los molinos de los talleres. Durante una de las reformas urbanística de la ciudad, la mayoría fueron soterrados y reconvertidos en cloacas. Pero hubo uno que sobrevivió y todavía hoy fluye por una calle de la ciudad. Desgraciadamente no está a la vista de todos, sino en un patio de luz. Y sólo se puede ver a través de una pequeña “finestrella” que está en Via… [y hasta aquí puedo leer].


2. L’arco della Voce

¿Alguna vez te han dicho que las paredes oyen? Pues en el corazón de Bolonia puedes comprobar que hasta los arcos trasportan tu voz. Si le confiesas un secreto a la estatua del patrón de la ciudad, lo oye la de san Doménico, que desde enfrente se refugia bajo el mismo arco. Eso sí, la penitencia por oír la voz del de enfrente es colocarse cara a la pared… [y hasta aquí puedo leer]


3. L’inferno a casa

Cuentan las lenguas antiguas, que en una concurrida plaza de la ciudad vivía una familia aristócrata conocida por las rencillas internas que tenían. Cuando el padre de familia mando esculpir los rostros de todos los que habitaban en aquel palacete, el arquitecto se la jugó. Y es que entre las caras de los hijos y hermanos del mecenas esculpió el rostro del demonio para ejemplificar que en medio de todos ellos habitaba Lucifer. Y todavía hoy sigue su efigie observando a todo el que pasa por la Piazza… [y hasta aquí puedo leer].


4. Il sole in un buco

Este secreto sólo se puede ver cuando el sol está en lo más alto (y sólo en los meses de noviembre a marzo). Justo en ese instante el Astro Rey se empequeñece hasta colarse por un agujero del techo. Y cae sobre una línea dorada marcando el día exacto en la meridiana más larga del mundo, dentro de la Chiesa di… [y hasta aquí puedo leer].



5. Un minuto di silenzio

Justo donde más carreras se suceden porque no se llega a tiempo, el tiempo se detiene. Y es que al terminar la IIGM unos terroristas quisieron parar el avance de la democracia. Pero sólo consiguieron detener las manecillas a las 10.25h de un 2 de agosto. Encontrar ese reloj no sólo es hallar un secreto, sino recordad a todas las víctimas del fascismo italiano. Sus nombres se pueden leer justo debajo del Orologio della… [y hasta aquí puedo leer].


6. Cannabis protectio

No es italiano, es latín y es que hubo una época en la que el pan era “vita”, el vino “laetitia”, las flores tenían un “cantone” y el cannabis estaba “protectio”. Prueba de ello es que hoy podemos saber dónde se resguardaba el vendedor de las hojas de cáñamo, ya que todavía se puede leer esas inscripciones en el techo de un arco de Vía… [y hasta aquí puedo leer].


7. Prospettiva eccitante

La última de las leyendas es la más famosa de Bolonia. Y hace referencia a la estatua de la plaza central de la ciudad. Cuentan que el arzobispo, cuando salió de la Basílica, se escandalizó ante el grosor varonil del dios pagano que presidía la fontana central y mandó rehacer la estatua. El escultor tuvo que obedecer, pero no se resignó sólo a cortar el miembro a su obra e incluyó unos cuantos cambios más. De tal forma que aparentemente vemos al dios desnudo en reposo, pero cuando encontramos la perspectiva adecuada, podemos estimular sus dotes. Eso sí, este efecto sólo se puede ver desde la posición adecuada, que es desde… [y hasta aquí puedo leer].


Ya está. Son todos los que están. Pero no están todos los que son.

Y es que Bolonia ofrece “cento e una cosa” para ver. Se podría decir que a parte de estos, cada un tiene sus propios secretos. Esos lugares con encanto que sólo uno conoce y que revela a quien quiere. Prueba de ello es que durante nuestra estancia nos llegaron varias versiones sobre los secretos. Os hemos contado la más extendida, porque las demás eran muy confusas o directamente inventadas.

Quizás si tuviéramos que añadir uno más a nuestra lista, incluiríamos uno que sólo nosotros, los Erasmus, lo podríamos considerar como secreto. Se trata del origen de todo…

Resulta que uno de los primeros edificios de la Università Alma Mater, situado en pleno centro, están estampados los escudos de todos los Doctores Honoris Causa que han pasado por la ciudad. Entre ellos el escudo del primer Erasmus. La heráldica de Erasmo de Rotterdam. Encontrarlo entre los centenares de escudos es una ardua tarea, pero fotografiarse con él es obligación de todo descendiente de Erasmo.

Y así, con el escudo del primer estudiante Erasmus, cerramos este post de secretos y leyendas. Y os emplazamos a buscarlos una vez que lleguéis a Bolonia. Pero sabed que el verdadero objetivo no es encontrarlos, sino disfrutar de la ciudad y dejaros encantar por ella mientras recorréis sus calles y plazas medievales.

Un abrazo, Salva

en 50m2

| Etiquetas: | Posted On 3 de julio de 2010

Hace ya más de dos semanas que no nos asomamos por estas tierras pero comprendernos, volver a ver todas estas imágenes nos produce una sensación de melancolía extraña. Además no sabíamos como clausurar esta bitácora después de nueve meses de convivencia italiana, así que hemos decidido ir dejándolo “piano piano”. Como una terapia iremos paulatinamente cerrando temas y plasmando nuestras últimas impresiones…

Hablando de últimas impresiones, me gustaría compartir cómo fueron las últimas horas en la ciudad de la mortadela. Prometo no ser muy emotivo, porque bastantes lágrimas hicimos y nos hicieron derramar. Y es que pese a ser días de despedida, nos rencontramos con muchos compañeros y juntos recordamos los mejores momentos de nuestra estancia.

Pero antes de la fiesta de despedida tuvimos que lidiar con toda la burocracia administrativa. Menos mal que el jaleo de papeles en la Universidad de “partenza” es mucho más simple que el de llegada. Una firmita por aquí y un sello por allá, y libres. Oficialmente habíamos acabado con nuestra Erasmus. Lo más curioso es que justo en la ventanilla continua estaba nuestro amigo Mirko, preparando todo el papeleo para venirse de Erasmus a España. Así es la vida: unos que vienen otros que se van…

Lo más complicado fue deshacernos de algunas cosas como la bici o la “chiaveta” de Internet. La primera por el valor sentimental que tenía y la segunda porque casi nadie la quería comprar. Al final las bicicletas han encontrado dueño y todavía hoy seguirán rodando por las calles de Bolonia. Lo que espero que no siga aún por aquellas tierras son los alimentos que nos sobraron. Y es que hicimos una caja con las sobras de nuestra despensa y se lo regalamos a las vecinas de arriba. Esas mismas que en cada fiesta molestábamos para pedirles el “aprebotiglie”. A priori puede parecer un regalo de pésimo gusto, incluso un “anti-chollo” como los del “Un, dos, tres”, pero cuando eres estudiante, una botella de aceite regalada, se acepta sin regañadientes (y más si el de oliva “extra vergine”).

De esa forma, poco a poco nuestra casa fue retomando el aspecto del primer día. Y no por la limpieza, sino por el vacío. El blanco de las paredes parecía más blanco con las estanterías vacías y los armarios huecos. Todo listo y empaquetado en tres pesantes maletas donde los recuerdos se agolpaban entre los jerséis y los vaqueros. Y todo sin pasarse de su peso justo… porque volar con Ryanair significa hacer “le valigie” con el peso (que nos dejaron la vecinas de arriba; con lo que se ganaron, más todavía, la botella de aceite y los cartones de leche).

Y cayó la noche en Bolonia. Nuestra última noche. -“Non è pioggia, è il celo chi piange per la vostra partenza” (no es lluvia, es el cielo quien llora por vuestra despedida) nos dijo el checo nada más llegar a casa empapado. Después de él llegaron el resto de amigos Erasmus. Franceses, belgas, italianos y hasta una serbia… las de canarias, valencianas y de Valladolid… todos en menos de treinta metros cuadrados y bajo la bandera italiana que colgamos en la pared.

A ritmo de “i migliori anni della nostra vita” fueron firmando uno a uno la bandera, que a día de hoy ondea en mi cuarto ilicitano. Es imposible condensar en poco más de 50 cm2 tantos mensajes cargados de emotividad; y como una imagen vale más que mil palabras, programamos la cámara y nos hicimos esta última foto de grupo:

El resto de la “serata” se resume en varias pizzas, Santo Stefano y un baile en los “Giardini” frustrado por el mal tiempo. Pero eso no fue motivo para que no cantáramos bajo la lluvia y nos prometiéramos ante la mirada de Asinelli y Garisenda, volver a reunirnos dentro de un par de años en ese mimo lugar, para subir todos juntos a la torre.

Sin duda una noche que sirvió para recordar y que será recordada…

Un abrazo, Salva.

Balance internacional

| Etiquetas: , , | Posted On 10 de junio de 2010

Uno de los síntomas de que el final de curso está cerca, son los balances. A veces son los padres quienes se reúnen con los profesores, otras los presidentes de las empresas con los empleados… Y en este caso el Padre con el Presidente.

Al igual que antes de comenzar nuestra Erasmus, Zapatero ha venido a Italia. Esta vez, a falta de pocos días para nuestro regreso definitivo, se ha reunido con Berlusconi para comprobar cómo nos han ido estos nueve meses en el Bel paese y hacer así un balance de nuestra estancia. Se rumorea que ha sido el propio Cavaliere quien ha propuesto esta reunión. Lo que nos hace preguntarnos ¿Qué habremos hecho para que Berlusconi tenga que llamar a Zapatero al término de nuestra beca en Italia?

No sabemos de qué han hablado fuera de los tópicos de la crisis y del euro, pero ha habido un gesto delatador: el premier, al término de la comparecencia le ha dado la mano a Zapatero y ha salido corriendo (literalmente). “Ale, ya han acabado la Erasmus, ahora igual que vinieron te los llevas de vuelta a España”, ha murmurado Berlusconi entre dientes. El pobre presidente español, se ha quedado atónito ante esta situación pensando: “con la que tengo yo montada con los sindicatos en España y ahora encima vuelven estos dos”



Pero la visita de Zapatero no sólo ha servido para reunirse con Berlusconi. Esta vez ha hecho además una parada en el Vaticano y se ha entrevistado con el Santo Padre. Esto sí que nos asusta: ¡qué habremos hecho para que ZP tenga que ir a hablar con el Papa! ¿Quizás Benedicto XVI se ha chivado que nos hicimos una foto en la Capilla Sixtina?

En cualquier caso, nosotros hemos disfrutado mucho en el país de la pizza, el “gelato” y la “nutella”. Y si nos tenemos que quedar con una frase de este encuentro “italo-spagnolo”, sería sin duda la que ha pronunciado Berlusconi al final de su discurso: “più si viene in Italia, più ci fa piacere, naturalmente” (cuanto más vienes a Italia, más te gusta).

A falta de una semana, para el final: un abrazo, Salva.

Il cerchio della vita

| Etiquetas: , | Posted On 6 de junio de 2010

Nos quedan exactamente diez días en Bolonia, y cientos de cosas por hacer. Y miles por contar en este Blog. Y hoy nos gustaría compartir con vosotros una de esas historias.

Todo se remonta a hace un mes. Cuando el frio que recorría Bolonia dejó pasó al viento y a las lluvias de primavera. En una de esas ráfagas de aire, nuestro balcón casi sale volando. De hecho los espanta-palomas que colgaron las visitas que hemos recibido estaban por el suelo. Y muchos enredados e inutilizados. Fue entonces cuando decidimos no volver a colocarlos, pues nos costaría mucho volver a llamar a Mireia, Alberto, Iván, Andrea, Amada, Pedro y Daniel, para que los volviesen a subir. Total, nos quedaban menos de treinta días en esta casa: “no creo que las palomas nos caguen tanto en el balcón en este tiempo”, dijimos.

Pero treinta días dan para mucho. Como si hubieran estado esperando a que quitásemos los móviles, no tardaron ni una semana en “habitar” nuestro balcón. Nosotros, entre viajes, idas y venidas, no nos dábamos cuenta, pero cada día había una ramita más en las sillas que tenemos apiladas afuera. Hasta que definitivamente un día lo encontramos.

Imaginaos la situación: llegó de la biblioteca y Rubén me dice: “Siéntate, tenemos que hablar: estamos embarazados”. Me sentí como san José cuando la Virgen le dijo que una paloma había entrado en casa y que estaba en cinta. ¡Teníamos dos huevos en el balcón! En seguida nos pusimos a indagar por internet cómo era la gestación de las palomas, porque ¿alguien ha visto alguna vez un bebe paloma? Hasta ahora nosotros no.

Y así pasaban los días. Al principio cada vez que a abríamos la persiana la paloma se asustaba y salía del nido. Pero poco a poco nos fue cogiendo confianza y ya podíamos salir a tender, que la paloma nos miraba mientras seguía incubando.

Y hoy, por fin, el pasado 2 de Junio (el día de la República Italiana) se produjo el milagro de la vida:


Cuando abrí la puerta del balcón, ahí estaban en el suelo: dos cáscaras de huevo abiertas desde dentro. Y en el nido dos polluelos sin plumas, con un pico enorme y unos ojos tapiados con membranas. Eran horrorosos, pero a su vez muy tiernos.

Ya iremos colgando fotos de la evolución de las peque-palomas, que esperamos que echen a volar antes de que lo hagamos nosotros de aquí.

Ahora lo que falta es ponerles nombre. ¿Se os ocurre alguno? Esperamos vuestras propuestas.

Un abrazo, Salva.

"Mutuo-acomodo"

| Etiquetas: , , , | Posted On 18 de mayo de 2010

Vamos atrasados con las entradas. Lo sabemos. Pero es que la agenda viajera que llevamos nos tiene alejados de la red. En cualquier caso, “piano piano” vamos a ir desgranando nuestras aventuras de estas últimas semanas.

Hace un par de entradas, un comentario nos preguntaba si se puede sobrevivir con la beca que nos dan a los Erasmus. Es cuestión de saber administrarse y de informarse antes de venir de cuántas becas hay disponibles. La mayoría de comunidades autónomas dan una pequeña cantidad a los estudiantes que nos vamos al extranjero. Y luego, muchos ayuntamientos también tienen destinado una cantidad en los presupuestos para los Erasmus. A todo esto hay que sumarle las empresas y entidades que dan becas, como la Fundación Fernando Alonso entre otras.

Pero lo que de verdad hace que se amortice una Erasmus es saber en qué gastarse el dinero. Desde buscar los supermercados más baratos, hasta saber qué sitios de fiesta son gratuitos. ¿Por qué creéis que se llama ‘Economía del Estudiante’? porque se usa durante la época que estás en la universidad, no. Es porque hay que estudiar en qué gastarse el dinero.

Hay que utilizar la estrategia que usaba el Imperio Romano: primero establecer el campamento base (comprar todas las cosas de la casa en los “tutto a un’euro” y en el IKEA). Luego explorar las zonas colindantes (es decir, buscar en Bolonia los sitios con descuentos para Erasmus). Y por último conquistar el territorio bárbaro (salir de viaje).

Para viajar lo mejor es usar el tren y el avión. Trenitalia y Ryanair. Y siempre consultando los precios y los horarios por Internet. Por ejemplo, para ir en tren a Firenze, si se pide directamente en la taquilla te cobrarán casi 20€. En cambio si buscas los regionales, puedes ir y volver por menos de 10€ (cambiando de tren en la pequeña localidad de Prato). Y luego ¿qué os voy a contar de Ryanair? Puente aéreo a Bratislava, Frankfurt… y si el aeropuerto de Bolonia no viaja hasta el destino deseado, el aeropuerto de Rimini y de Pisa no quedan a más de 2 horas en tren.

Y por último el alojamiento. Aquí hay tres opciones. Hacer viajes de un día. Buscar alojamiento con Hostelworld. Y dormir en casa un amigo. Nosotros hemos usado las tres opciones. Pero vamos a centrarnos en esta última opción: utilizar a los ‘Erasmus por el Mundo’.

Junto con nosotros, muchos otros amigos están de Erasmus en alguna ciudad europea. Es el caso de Antonio en Turín, Irene en Holanda, Almudena y Neus en Polonia, Dani en Frankfurt y Andrea en Reino Unido. Y de alguna forma u otra todos tenemos un pacto firmado de ‘mutuo-acomodo’. Allora, ellos pueden venir a nuestra casa sin problema y nosotros visitarles igualmente. Hasta ahora son varios los que han pasado por el número 17 de Amendola. Y ahora es nuestro turno de devolverles la visita.

La primera ha sido Andrea. Con unos bocatas y el abrigo bajo el brazo (porque en Italia ya empieza el buen tiempo), cogimos el avión destino Bristol. Volamos desde Rimini, por aquello de ahorrarnos unos euros porque el billete era más económico desde allí. Y tras dos horas y media, menos una hora por el cambio de huso, llegamos a Inglaterra. Ojo, a Inglaterra, porque Bristol está en esa región. Y luego cogimos un tren a Cardiff, en Gales (ya no es Inglaterra, y ni se te ocurra decirlo). Y por último, nos bajamos en Swansea, la ciudad Erasmus de Andrea.

Es curioso, porque hasta ahora siempre que hemos viajado ha sido con prisas y en plan turista (hotel, McDonald’s… guías, mapas, autobuses), pero este viaje fue diferente. Andrea nos enseño su vida Erasmus y nos empapamos de otra rutina cotidiana de estudiante. Allí no leen el “giornale” sino el “newspaper”, el “cappuccino” son “eggs and bacon”, la “biblioteca” es una “study-room” y el “mercato” un “supermarket”.

Pero la esencia Erasmus es la misma. Ya nos lo dijo Andrea cuando nos visitó en noviembre. Y ahora lo hemos comprobado nosotros. El intercambio cultural entre países existe y las fiestas internacionales son calcadas. Tienen asociaciones de estudiantes que les llevan de viaje y tienen descuentos con la tarjeta Erasmus. Es todo exactamente igual, pero diferente. Es en inglés. Es otro modelo. Tienen otro horario y otras costumbres. Las calles son diversas, no están bajo arcos. Las casas no son medievales, sino unifamiliares y de dos plantas. La universidad no está en integrada en la ciudad, sino que tiene un campus de césped inmenso…

Fueron cinco días de excursiones, paseos, fiestas y sobre todo de llenos de buenos momentos. Y nos sirvió para comprobar que da igual dónde se esté de Erasmus, si en la ciudad con más estudiantes de Europa o en un pueblo costero del sur de Gales, lo importante es tener predisposición para aprender y pasarlo bien. Y nosotros la tenemos.






Gracias Andrea por este viaje. La próxima ya, en Elche.

Un abrazo, Salva.

101 cosas que hacer en Bolonia

| Etiquetas: , , , | Posted On 2 de mayo de 2010

El pasado día 23, Sant Jordi, me pasé por una de las muchas librerías que llenan la ciudad. Hay una al lado de las Dos Torres, otra en medio del mercado medieval, en la calle principal… y hasta hay una ¡dentro de una torre! En esta última encontré este libro, que fue el que le regalamos a Frantisek por su cumple. Y es verdad, Bolonia ofrece la posibilidad de hacer 101 cosas ¡y muchas más! Aunque esa no sea la primera impresión que da.

Por ejemplo, nuestra primera opinión de la ciudad fue un desaliento. Nosotros llegamos en Julio para buscar piso y el primer contacto fue el del trayecto del aerobús a la estación [5€ que se pagan directamente al “autista” (conductor) en la puerta del aeropuerto]. Desde la “naveta” (autobús urbano) pudimos ver a grandes rasgos lo que nos depararía nuestra casa durante la Erasmus: las paredes están pintarrajeadas, los edificios son viejos y están algo sucios, conducen muy mal y las calles están llenas de tendidos eléctricos y cables del tranvía.

Pero afortunadamente las primeras impresiones no siempre cuentan.


Vale que Bolonia no sea tan bella arquitectónicamente como Florencia. Ni tan turística como Venecia. Ni tan histórica como Roma. Ni tenga el nivel de vida de Milán. Ni el número de habitantes de Nápoles. Pero Bolonia tiene algo que las demás no tienen. Un encanto particular. Un ambiente estudiantil acogedor. Unos pórticos que cubren casi la totalidad de las aceras. Una basílica que es la cuarta más grande del mundo. Unas torres que conforman una silueta única de la ciudad… Y encima es la capital europea de la cultura.

Es verdad. Hay 101 cosas que hacer aquí. Cientos de lugares que visitar. Y ahora con el buen tiempo, más todavía. Y estos son algunos de los ejemplos de esas cosas que se pueden hacer en Bolonia, por ejemplo en 72 horas:

1. Asistir a los espectáculos espontáneos de artistas callejeros en piazza Maggiore

2. Imaginarse cómo sería la basílica de San Petronio, que estaba destinada a ser la mayor del mundo.

6. Leer una revista, escuchar poesía o ver un film en Sala Borsa, la biblioteca más grande de Bolonia.

8. Sentarse en el teatro del Archiginnasio (donde se estudiaba anatomía, en piazza Galvani)

12. Recorrer las calles del mercado medieval de Via Pescheria Vecchia
14. Comer “tagliatelle al Ragù” (a la boloñesa). Nosotros recomendamos cualquier restaurante de Via Irnerio. También hay que probar la lasaña típica de la región.

17. Perderse en el Ghetto ebraico de la ciudad. Situado entre Via Zamboni y Via Oberdam hay decenas de callejuelas y estrechos callejones que rompen con la armonía línea del resto de la ciudad.

20. Visitar las “siete chiese” (siete iglesias). En Santo Stefano, el conjunto cristiano lo conforman siete templos, cada uno de una época artísitca.

24. Visitar las ocas de los “Giardini Margherita”.

25. Aprenderse de memoria los nombres de las puertas de la ciudad. Actualmente se conservan todas las puertas y parte de la muralla que rodeaba la ciudad en la época medieval y que dan nombre a los barrios. Y es que desde cada puerta sale una calle que confluyen en el centro, en las Dos Torres.
27. Visitar la tumba de Santo Domingo.

30. Ir a la caza de los jardines secretos. Muchos antiguos palacetes convirtieron sus patios internos en jardines y hoy, através de mirillas y rejas se pueden descubrir decenas de ellos.

36. Recorrer sus más de 38 kilómetros de arcos que protegen las aceras.

43. Visitar la capilla Sixtina medieval de Bologna: el oratorio de Santa Cecilia.

[…]

101. Subir a la torre Asinelli. ¡Ojo! Esto sólo lo puedes hacer si te has licenciado ya, porque la leyenda cuenta que si subes durante tu época de estudiante del Alma Mater, no te graduarás…

Estos son sólo algunos ejemplos de la larga lista del libro de Margherita Bianchini, autora del libro que curiosamente estudió en la misma Facultad que nosotros. Eso sí, hay una cosa que no ha incluido en el libro (es obvio que no todo cabe en 327 páginas); pero creo que lo ha hecho a propósito. En concreto son siete cosas. Y es que Bolonia ofrece “Sette Segreti”, imperceptibles para el ojo del turista convencional. Pero que todo Erasmus tiene que descubrir y ver.

No busquéis en Internet; ni le preguntéis a veteranos Erasmus: NO os van a decir dónde están escondidos… nosotros iremos desvelando cada semana uno de ellos (sin decir su emplazamiento); así os obligamos a venir a Bolonia a descubrirlos…

Porque Bolonia tiene 101 que hacer y 7 por descubrir.

Un saludo, Salva.



A los pies del Vesubio (I)

| Etiquetas: , , , , , | Posted On 19 de abril de 2010

Pensaba que en Italia, por ser un país alargado, las carreteras iban a ser líneas rectas que recorriesen las ciudades “da nord a sud”; y por tanto no me iba a marear. Y encima que como iba a viajar de noche, iba a pasarme todo el trayecto dormido. Pero ni con esas conseguí librarme del “male di macchina” (mareo). Al final, tras una noche movidita llegamos a Nápoles, la capital del sur italiano.

Antes de adentrarnos en esta megalópolis, unas recomendaciones: llevar siempre la cartera en los bolsillos delanteros, con un máximo de 30€ en efectivo; no separarse del grupo y mucho menos recorrer las callejuelas; alejarse de los trileros y vendedores ambulantes, que ofrecen IPhone’s por 50€; y sobre todo no cruzar la calle sólo. Y es que Nápoles es una caos organizado, donde los coches no respetan ni los semáforos, ni las señales y mucho menos los pasos de cebra. A modo de curiosidad, tres de cada cuatro coches tenían una abolladura o un faro roto. La ciudad tiene fama, mejor dicho mala fama, de ser conflictiva. Obviamente no vimos a El Padrino, pero el ambiente de trueques y chanchullos está presente hasta cuando vas a comer a un restaurante.

Aun así es una ciudad con un encanto particular. Es cómo viajar a una película de Fellini, donde todavía las mujeres mayores bajan la basura con un cordel desde el balcón, y se llama a los niños por la ventana para cenar, porque están jugando en medio de la calle (aunque por ésta pasen coches). Y todo coronado por el gran Vesuvio (en italiano la segunda se escribe con ‘v’ y no con ‘b’).

El horizonte es completamente plano: a un lado el mar Tirreno y al otro la llanura de la “Campania”. La línea recta sólo se rompe por el impresionante volcán, y sus colinas contiguas. Entre ellas alguna por las que se esparce la ciudad. Y es que Nápoles es un sinfín de bloques de edificios a modo de colmena, unidos por cientos de tendidos eléctricos y farolas colgantes.

La ESN lleva haciendo este viaje desde hace siete años, así que ya saben cómo moverse por la ciudad. Nos hicieron un tour por las principales calles llenas de puestos ambulantes. Unas cuantas fotos en la antigua fortaleza y una “gelatto” en la plaza del Plebiscito completaron la jornada, que acabó con una cena a base de pizza al modo napolitano (no, no existe una ‘pizza napolitana’, como no existen los ‘spaghetti a la boloñesa’. La pizza se caracteriza en Nápoles por tener los bordes gordos, no por los ingredientes que lleva). Otro de los platos típicos de la región es el pescado que en la mayoría de restaurante suele ser fresco. Aunque también lo puedes comprar directamente a los pescadores; y es que vimos como al desembarcar en la playa, montaban improvisadas lonjas donde exhibían los animales todavía vivos y coleando.

Todos los viajes de la ESN incluyen de alguna forma el alcohol en su agenda y éste no iba a ser menos. Lo que pasa es que cada uno se lo toma como quiere. Están quienes fomentan el mito de Erasmus igual a borrachera continua; y quienes no dependemos de una botella para pasar una noche de fiesta. De esa forma, cuando cayó la noche nos reunimos en la terraza del hotel, y compartimos unas risas a los pies del Vesubio.

A grito de “sveglia” (despertador), a las ocho de la mañana nos preparamos para subir al Vesubio. Una vez arriba del volcán, cuando visitábamos el cráter y después de que la guía nos contase cómo fue la explosión del 79 d.C. que sepultó Pompeya, nos enteramos que media Europa estaba sobrevolada por las cenizas del volcán de Islandia. En el que estábamos sólo salían pequeñas columnas de humo, que la guía se apresuró a decir que eran normales chimeneas naturales de vapor de agua. Pero por si acaso, nos hicimos la foto y bajamos rápidamente de allí. Eso sí, ya podemos decir “yo he estado en el cráter de un volcán”.

Y así, como la lava, descendimos dirección Pompeya. Pero eso ya es otra historia...

Ahora os dejo con las fotos de esta primera parte




Hasta entonces, un saludo boloñes. Salva.

En un lugar de la Umbría

| Etiquetas: , , , | Posted On 31 de marzo de 2010

Hace unas semanas, cuando apenas habíamos deshecho las maletas de nuestra escapada a Roma, un nuevo viaje tenía cita en nuestro calendario: Asís, Perugia y Siena. Para nosotros fue el primero con la ESN, pero desde luego, no el último (estamos preparando ya la visita a Nápoles y alrededores).

Coger un autobús a las 7:00 de la mañana no es agradable para nadie y más si el punto de encuentro está en la otra punta de la ciudad, pero desde el minuto 0 comenzamos a notar el ambiente Erasmus y la historia prometía. Tres ciudades en tres días y un puñado de amigos que hicieron del viaje un recuerdo inolvidable.

Pusimos rumbo a la Umbría (una región del centro de Italia) con un grupo de españoles animando el ambiente en el fondo del autobús. Y tras largas horas peleando con las sinuosas curvas de las carreteras y la nieve acumulada en el asfalto, llegamos finalmente a Asís. Eso sí, con retraso, una variable constante durante todo el viaje.

En el pueblecito de Asís, “de donde es San Francisco”, un guía narró toda la historia del municipio, de la región (el pueblo de los umbros –los hijos de la lluvia-) y de la capital: Perugia, que surgía en lo alto de una colina en medio de la niebla.

Los perusinos nos recibieron con retraso esa misma tarde. Tres vueltas a la ciudad antes de bajar del autobús y la noche cayó sobre las montañas como un relámpago en Perugia. Allí sólo nos dio tiempo a instalar las maletas en el albergue y recorrer en media hora una ciudad que en mi opinión no tuvo nada que ofrecernos o el guía que nos acompañó no supo mostrarnos. La última parada del ‘giro’, el supermercado. Sí, una tienda para comprar alcohol y calentar motores para la gran fiesta que se celebraba en una discoteca a unos kilómetros de la ciudad. Svegliaaaaaaaaaaaa! Esa fue la frase con la que a las 7:00 de la mañana del día siguiente se despertaron muchos y muchas. Con el alcohol fluyendo aún por las venas y la resaca que aumentaba ligeramente tras cada kilómetro recorrido, nos tomamos un desayuno rápido y... ¡hacia las Cascate delle Marmore!, un paraje natural que sirvió para abrirnos los pulmones y airear el mareo de algunos. Armados con chubasqueros (verdes, rojos, blancos y azules), pusimos en práctica las rutas de senderismo que había marcadas en el recinto, y acabamos salpicados, y otros empapados, por la corriente de los saltos de agua.



En el ecuador de nuestro viaje, dejamos atrás la Umbría y pisamos fuerte en la Toscana. Una región soleada, cálida y en la que todos notamos que el viaje dio un giro considerable (a mejor) con la llegada a Siena.

Según la leyenda, la localidad fue fundada por Asquio y Senio, hijos de Remo (hermano de Rómulo, fundador de Roma) sobre las tres colinas sobre las que se asienta. Siena, la ciudad italiana de los banqueros se abría a nosotros en una tarde que se iluminaba por las antorchas que colgaban de los edificios históricos de la Piazza del Campo. Allí celebraban un mercadillo medieval donde degustamos el queso toscano, el aceite de la región, o los dulces típicos artesanos, entre otros productos. Paseamos por sus entramadas callejuelas, visitamos el Duomo, la Piazza del Campo con su famosa torre y llenamos el estómago con una cena deliciosa, en la que lo mejor fueron los cócteles del Barón Rojo, un pub sienés.

Y para terminar… día de relajación. Tras un recorrido por las llanuras toscanas salpicadas de cipreses y de ruedas de paja, y una comida con productos típicos de la zona (tomates caseros con pan de pueblo, salchichón con hinojo y otro tipo de embutidos, y vino toscano), llegamos a… ¡las termas! Un balneario donde invertimos las últimas horas de nuestro viaje sumergidos en relajantes aguas.

He aquí las fotografías que atestiguan los hechos.

¡Saludos!

Rubén