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Centroeuropeando

| Etiquetas: , , | Posted On 4 de julio de 2010

¡Saludos!

Hoy me toca a mí coger el relevo en este blog. Después de tres semanas de intenso ajetreo por los exámenes que quedaban por finiquitar para terminar el curso y por el jet lag/síndrome post-Erasmus que nos produjo nuestra despedida de Bolonia, aquí seguimos para ir desgranando las cosas que nos dejamos en el tintero Erasmus. Y… ¡cómo no! Lo hacemos con un viaje. Esta vez… ¡Centroeuropa!

Nuestro “giro” por las tierras del Danubio, ése que fue cancelado por la nube volcánica pero que después encontró una suculenta oferta, cortesía de Ryanair, dio para mucho y ahora toca contarlo para que vayan tomando nota los futuros Erasmus o los futuros viajeros. Y es que, que la combinación áerea (siempre con Ryanair) Bologna-Bratislava, es un puente directo para los Erasmus boloñeses hacia Centroeuropa.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid... Con la tontería de que Bratislava tiene el aeropuerto, Viena está a una hora en autobús por 10 euros de la capital eslovaca, Budapest también está “ahí al lado” conectada perfectamente con autobuses y trenes, y que Praga era visita obligada porque íbamos con nuestro pragués más famoso (Frantisek),Negrita pues estaba decidido… ¡un macrotour por 4 países en 6 días! ¿Quién ha dicho imposible?

Con casi 1000 fotos en la cámara (¡y son pocas!) y miles de kilómetros recorridos en autobuses y trenes, recorrimos Centroeuropa a ritmo de vals, danzas húngaras y el mejor euro-dance (gracias a las radios eslovaca y húngara). A modo resumen se puede decir que…

Día 1 Bolonia – Bratislava – Budapest
La capital de Eslovaquia es una ciudad muy pequeña visitable en un sólo día. Sin necesidad de entrar a museos ni palacios, lo mejor de Bratislava está en sus calles.
Lo bueno: barata, muy barata. Tranquila. Tiene euros. Puedes ver como el Danubio se derrama a lo ancho partiendo la ciudad en dos y ver lo inmenso que es.
Lo malo: es una ciudad muy poco turística. Apenas se habla inglés y los eslovacos se muestran poco dispuestos a ayudar al turista. (Menús en eslovaco, horarios de transportes en eslovaco, malas señalizaciones de estaciones de tren, autobús…).

Y tras pasear todo el día por Bratislava, a las siete de la tarde cogimos un bus directo hacia ‘la perla del Danubio’.

Día 2 Budapest – Viena
Llegamos a Budapest de noche (sobre las 23:40) cuando el metro estaba a punto de cerrar, sin dinero húngaro (forints - UHF) para comprar los billetes y sin ninguna idea de cómo llegar al albergue. Pero gracias a dos chicas aquencianas (gentilicio de Budapest) que nos regalaron sus billetes de metro y nos indicaron el camino, llegamos hasta el albergue. Por cierto, un albergue muy bueno (9 euros/noche con desayuno incluido, buenas condiciones y personal amable).
Lo mejor: la ciudad en sí -es increíble-, la hospitalidad y amabilidad de la gente con los turistas, la deliciosa comida húngara.
Lo peor: el idioma, aunque aquí sí hablan inglés y ayudan a los extranjeros. En un día es imposible visitar toda la ciudad. ¡Queda pendiente!

Tras exprimir Hungría al máximo, cogimos un tren (32 euros – un pelín caro pero muy cómodo) hacia la capital de Austria, Viena, donde aprovechamos la noche para pasear y recorrer la ciudad.

Día 3 Viena – Praga
En Viena pusimos en práctica el itinerario marcado en la guía turística, que nos llevó por los lugares más emblemáticos de la capital. Nos quedamos con las ganas de probar una salchicha vienesa pero saciamos el apetito con un pastel típico de la ciudad: el sacher.

Lo bueno: el encanto de la ciudad y sus edificios neoclásicos.
Lo malo: es una ciudad cara, tanto para comer como para visitar, y está repleta de turistas.

Días 4 y 5 Praga
Simplemente, la joya de Centroeuropa. Allí, gracias a nuestro anfitrión, recorrimos los lugares turísticos y los secretos praguenses que escapan al afán curioso de los turistas. Castillo de Praga, Catedral de San Vito, Puente San Carlo, Museo Mucha, barrío judío (con sinagogas y un cementerio), Universidad de Praga... ¡Vamos, que nos quedó poco por ver!
Lo mejor: sus edificios medievales y su historia, y la comida checa. Además, de aprender una palabra nueva "defenestración".
Lo peor: el frío. Si viajas a Praga échate ropa de abrigo porque “refresca”, y mucho turismo, que está acabando con los habitantes de la ciudad en el casco antiguo.


Día 6 Praga – Bratislava – Bolonia

Vuelta a casa y a descansar. Despiertos desde las cinco y media de la mañana, hora en la que Praga ya es de día, y tras pillar un autobús que nos llevó a Bratislava, cogimos muy por los pelos el avión de retorno a Bolonia.

[En breve] Un vídeo con algunas de las fotografías para que os hagáis una idea de lo que fue Centroeuropa. Si bien con un homenaje a la República Checa…

¡Saludos!

Rubén

Allontanarsi dalla linea gialla

| Etiquetas: , , , | Posted On 5 de junio de 2010

Casi con veinte días de retraso, pero con todos los detalles, aquí os dejamos con la crónica de nuestro viaje al norte de Italia.

Para este viaje es indispensable tener convalidado el “biglieto di treno”. Así que vamos a meterlo en la máquina amarilla que hay en cada andén y lo timbramos. Y ya estamos listos para irnos a Tornio.

Il treno treintalia 610 delle ore 14:46 proveniente da Roma Termini e diretto a Torino Porta Nuova è in arrivo al binario 3. Ferma in tutte le stazione. Attenzione: allontanarsi dalla línea gialla.

Tras cuatro horas en tren leyendo este libro, Antonio nos recibió en su ciudad Erasmus. Turín es uno de los grandes núcleos del norte. Una ciudad cuadriculada y con edificios modernistas. Nosotros nos dimos una vuelta con tranvía entre los ríos Po y el Dora.

Nuestra visita a Turín nos sirvió para corroborar que en Italia son lo más. Hasta ahora ya nos hacíamos una idea de lo exagerados que son. Pero en Turín dicen tener “la calle peatonal más larga del mundo”, “la construcción de cemento más alta del mundo”, “la catedral más pequeña visitada por un papa, del mundo”… y eso por no contar con “la heladerdía más buena de Italia”, “las mejores pizzas del norte”… (pero ya estamos acostumbrados a que en cada ciudad que vamos tengan “lo mejor de Italia”).

Una de las cosas que visitamos en Turín es la reliquia “más venerada del mundo”. Se trata de la Sábana Santa. La “sacra Sindone” se exponía esos días en la capital del Piamonte y nosotros aprovechamos para verla. Tuvimos que sacar cita por internet y hacer una cola serpenteante por los jardines traseros, pero al final, ahí estaba: el cuerpo de Cristo impregnado en un sudario protegido por un cristal antibalas. Y por supuesto, con una voz por megafonía que recordaba: allontanarsi dalla línea gialla.




Y Seguimos con nuestro viaje:

Il treno regionale 5480 delle ore 13:30 diretto a Milano Centrale è in partenza dal binario 14. Ferma in tutte le stazione. Attenzione: allontanarsi dalla línea gialla.

Pero antes, nosotros no llegamos hasta Milán, sino que nos vajamos en Pavía. Aquí nos espera Bea, César, Aída, Ricado, Ana y montón de levantinos más. A estos Erasmus los conocimos en el viaje de la ESN a Nápoles (en cada ciudad hay una ESN, y a veces se juntan para hacer salidas juntos). Entre todos nos enseñaron esta pequeña ciudad situada al sur de la Lomabardía, que aunque apenas roce los 71 mil habitantes, tiene un espíritu estudiantil equiparable a Bologna. De hecho aquí también tienen torres. Aunque eso sí, las “más altas del mundo” están en Bolonia.




Il treno regionale 417 delle ore 08:26 proveniente da Padova e diretto a Milano Centrale è in arrivo al binario 1 con un ritardo di 10 minuto. Treintalia si scusa per il ritardo. Attenzione: allontanarsi dalla línea gialla.

Y así nos plantamos al día siguiente en Milán. Supongo que a estas alturas no hace falta decir que el Inter fue el campeón de la Champions. Pues bien, nosotros cuando fuimos no teníamos ni idea que se jugaba ese mismo día la final. Así que nuestro recibimiento fue a base de cánticos “neri-azurri” (negroazules). El ambiente que se comenzaba a gestar en la plaza central, le robaba el protagonismo (y los objetivos de las cámaras fotográficas) por in día al Duomo. Por cierto, una catedral con una impresionante fachada blanca, “la más recargada del mundo”.

Milán es una ciudad cara. Una urbe de tiendas caras y de coches de lujo. De hecho hasta los souvenirs son más caros. Lo que más la figurita del Duomo, con la que agredieron a Berlusconi. Según nos contó un comerciante, desde el incidente todo el mundo quiere un recuerdo de la catedral. Con lo que el precio ha subido hasta los 8€. ¡Una pasada!

Nos quedamos con ganas de ver “Il Cenacolo” (la última cena) de Da Vinci. Pero no tenemos más tiempo… con lo que ya tenemos una excusa para volver al norte de Italia. Eso, y que me dejé las gafas de sol y el paraguas en Pavía.




Y hasta aquí nuestro viaje exprés. Ahora cuidado, que viene el tren: allontanarsi dalla liena gialla.

Un saludo, Salva.

"Mutuo-acomodo"

| Etiquetas: , , , | Posted On 18 de mayo de 2010

Vamos atrasados con las entradas. Lo sabemos. Pero es que la agenda viajera que llevamos nos tiene alejados de la red. En cualquier caso, “piano piano” vamos a ir desgranando nuestras aventuras de estas últimas semanas.

Hace un par de entradas, un comentario nos preguntaba si se puede sobrevivir con la beca que nos dan a los Erasmus. Es cuestión de saber administrarse y de informarse antes de venir de cuántas becas hay disponibles. La mayoría de comunidades autónomas dan una pequeña cantidad a los estudiantes que nos vamos al extranjero. Y luego, muchos ayuntamientos también tienen destinado una cantidad en los presupuestos para los Erasmus. A todo esto hay que sumarle las empresas y entidades que dan becas, como la Fundación Fernando Alonso entre otras.

Pero lo que de verdad hace que se amortice una Erasmus es saber en qué gastarse el dinero. Desde buscar los supermercados más baratos, hasta saber qué sitios de fiesta son gratuitos. ¿Por qué creéis que se llama ‘Economía del Estudiante’? porque se usa durante la época que estás en la universidad, no. Es porque hay que estudiar en qué gastarse el dinero.

Hay que utilizar la estrategia que usaba el Imperio Romano: primero establecer el campamento base (comprar todas las cosas de la casa en los “tutto a un’euro” y en el IKEA). Luego explorar las zonas colindantes (es decir, buscar en Bolonia los sitios con descuentos para Erasmus). Y por último conquistar el territorio bárbaro (salir de viaje).

Para viajar lo mejor es usar el tren y el avión. Trenitalia y Ryanair. Y siempre consultando los precios y los horarios por Internet. Por ejemplo, para ir en tren a Firenze, si se pide directamente en la taquilla te cobrarán casi 20€. En cambio si buscas los regionales, puedes ir y volver por menos de 10€ (cambiando de tren en la pequeña localidad de Prato). Y luego ¿qué os voy a contar de Ryanair? Puente aéreo a Bratislava, Frankfurt… y si el aeropuerto de Bolonia no viaja hasta el destino deseado, el aeropuerto de Rimini y de Pisa no quedan a más de 2 horas en tren.

Y por último el alojamiento. Aquí hay tres opciones. Hacer viajes de un día. Buscar alojamiento con Hostelworld. Y dormir en casa un amigo. Nosotros hemos usado las tres opciones. Pero vamos a centrarnos en esta última opción: utilizar a los ‘Erasmus por el Mundo’.

Junto con nosotros, muchos otros amigos están de Erasmus en alguna ciudad europea. Es el caso de Antonio en Turín, Irene en Holanda, Almudena y Neus en Polonia, Dani en Frankfurt y Andrea en Reino Unido. Y de alguna forma u otra todos tenemos un pacto firmado de ‘mutuo-acomodo’. Allora, ellos pueden venir a nuestra casa sin problema y nosotros visitarles igualmente. Hasta ahora son varios los que han pasado por el número 17 de Amendola. Y ahora es nuestro turno de devolverles la visita.

La primera ha sido Andrea. Con unos bocatas y el abrigo bajo el brazo (porque en Italia ya empieza el buen tiempo), cogimos el avión destino Bristol. Volamos desde Rimini, por aquello de ahorrarnos unos euros porque el billete era más económico desde allí. Y tras dos horas y media, menos una hora por el cambio de huso, llegamos a Inglaterra. Ojo, a Inglaterra, porque Bristol está en esa región. Y luego cogimos un tren a Cardiff, en Gales (ya no es Inglaterra, y ni se te ocurra decirlo). Y por último, nos bajamos en Swansea, la ciudad Erasmus de Andrea.

Es curioso, porque hasta ahora siempre que hemos viajado ha sido con prisas y en plan turista (hotel, McDonald’s… guías, mapas, autobuses), pero este viaje fue diferente. Andrea nos enseño su vida Erasmus y nos empapamos de otra rutina cotidiana de estudiante. Allí no leen el “giornale” sino el “newspaper”, el “cappuccino” son “eggs and bacon”, la “biblioteca” es una “study-room” y el “mercato” un “supermarket”.

Pero la esencia Erasmus es la misma. Ya nos lo dijo Andrea cuando nos visitó en noviembre. Y ahora lo hemos comprobado nosotros. El intercambio cultural entre países existe y las fiestas internacionales son calcadas. Tienen asociaciones de estudiantes que les llevan de viaje y tienen descuentos con la tarjeta Erasmus. Es todo exactamente igual, pero diferente. Es en inglés. Es otro modelo. Tienen otro horario y otras costumbres. Las calles son diversas, no están bajo arcos. Las casas no son medievales, sino unifamiliares y de dos plantas. La universidad no está en integrada en la ciudad, sino que tiene un campus de césped inmenso…

Fueron cinco días de excursiones, paseos, fiestas y sobre todo de llenos de buenos momentos. Y nos sirvió para comprobar que da igual dónde se esté de Erasmus, si en la ciudad con más estudiantes de Europa o en un pueblo costero del sur de Gales, lo importante es tener predisposición para aprender y pasarlo bien. Y nosotros la tenemos.






Gracias Andrea por este viaje. La próxima ya, en Elche.

Un abrazo, Salva.

¡Benvenuti alla Toscana!

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Ésta es una de las entradas guardadas en el baúl, que debería haber visto la luz antes, pero las preocupaciones de los nuevos Erasmus colapsan la red en busca de “soluciones” y consejos a todas las dudas y por ello nos hemos visto obligados a echarles un capote.

En otro de los días que destinamos en el calendario a visitar una nueva ciudad italiana, de pronto organizamos una excursión que nos llevó a la Toscana, la región más bonita de Italia. En concreto, a dos localidades: Lucca y Pisa.


La primera presume de atesorar el encanto de un pueblecito toscano rodeado de una muralla perfectamente conservada, con atractivos turísticos, precios razonables y rincones para perderse en un itinerario entre lo religioso, lo cultural y lo histórico. La segunda alardea de silueta propia, una de las más famosas de Italia, rival del Coliseo. La figura de la Torre inclinada dominando la Piazza dei Miracoli y el río Arno serpenteando el centro de la ciudad son su seña de identidad.

¡Bienvenidos a Lucca y a Pisa!

Mireia, Frantisek, Maja y Salva y yo salimos de Bolonia a eso de las 6:30 de la mañana con un sol propio de los días de verano y pusimos rumbo a Lucca, con escala en Prato (pueblecito toscano), por tan sólo 9,45 euros y una carrera agotadora hasta el otro extremo de la estación 1 minuto antes de que partiera el tren. Pero después del trote del inicio del viaje, el resto fue más reposado.

Lucca es una ciudad de más de 85.000 habitantes, que en su día fue República, Ducado, y Principado, y un tesoro anhelado por las dinastías pisanas y florentinas que se disputaron y ocuparon en más de una ocasión sus territorios. Ciudad natal del compositor de ópera Giacomo Puccini y de Santa Gemma Galgani, Lucca ofrece al turista la tranquilidad de una villa antigua que ha sabido resguardar tras sus murallas su casco antiguo de la revolución arquitetónico-cultural que han pasado factura a otras ciudades italianas como es el caso de Pisa.

En Lucca, los paseos por la ciudad son obligados. Bien a pie o bien a bicicleta, cuyo alquiler cuesta sólo un euro y sirve para todo el día. Nosotros optamos por entrenar los gemelos y recorrimos su casco histórico empapándonos de todo lo que nos ofrecía la ciudad. Museos, iglesias, la subida a las dos de las diversas torres que coronan los tejados escarlata de la ciudad, un bocado al buccellato, dulce típico luqués, y paseo por las zonas ajardinadas que envuelven las murallas de camino a Pisa.


Para ver:

  • Piazza San Michele
  • Piazza Napoleone
  • Catedral de San Martín
  • Palacio Ducal.
  • Piazza del Anfiteatro
  • Basílica de San Frediano
  • Torre delle ore ("Torre del Reloj")*
  • Torre Guinigi*

    *La subida a estas dos torres juntas cuesta 4 euros y merece la pena por las estupendas panorámicas que ofrecen.

    Después de recorrer todo el patrimonio cultural, llenar el buche con algo de comida rápida y saborear de postre el
    buccellato luqués, dimos la vuelta rápida a lo que nos quedaba por ver en Lucca y corrimos hacia la estación para coger el tren que nos llevaría a Pisa (a tan sólo 20 minutos de distancia por 2,40 euros).

    Una vez en Pisa, a eso de las 16:00 de la tarde y con unas nubes que amenazaban lluvia, echamos una ojeada al mapa de la guía turística para llegar hasta la Piazza dei Miracoli, donde se alzan imponentes la Torre inclinada de Pisa, la catedral, el camposanto y el baptisterio.

  • ¿Cómo empezar a describir la ciudad?
    Sin duda, llegar a
    Pisa después de haber estado en Florencia, Siena o Lucca (por pequeña que sea ésta última) será la experiencia más deprimente que uno experimente en su vida. Ni por asomo puede competir con las calles de Florencia o Siena, pero es que ni de lejos hace sombra a Lucca.
    La corriente arquitectónica predominante de la ciudad deja bastante que desear, ya sea porque recuerda a un caduco estilo de los años 70-80, que poco atractivo posee, o por el aspecto grisáceo y opaco de los edificios. Del resto de inmuebles señoriales sólo quedan las fachadas desconchadas y los balcones oxidados que respiran a orillas de un Arno poblado de puentes sin la más mínima parte de encanto del que poseen aquéllos que enlazan las orillas florentinas.
    En resumidas cuentas, a excepción de los museos, Pisa sólo posee el complejo de ‘los milagros’, que aparece a la mirada del turista como un enjambre de puestos de souvenirs que rivalizan por ver quién vende las recreaciones de cerámica de la Torre inclinada al mejor precio. Una vez llegados a la Piazza dei Miracoli, obligada es la fotografía emulando sostener/empujar la torre. Allí podéis abriros paso entre los cientos de turistas que buscan un hueco ‘sin gente’ para sacarse la fotografía, y recrearos todo lo que queráis admirando la belleza que desprende la plaza. Eso sí, siempre desde fuera porque para visitar cualquier construcción hay que pagar y los precios no están al alcance de muchos bolsillos. Y llegados a este punto, el mejor sinónimo de Pisa es: estafa.

    Las tarifas rondan los:

    • 15 euros (sin paliativos) para subir a la Torre. Obligatorio hacer reserva el mismo día o con antelación. No merece la pena desembolsar tal cantidad, las vistas no merecen la pena.
    • 5 euros entrar al Baptisterio
    • 5 euros visitar el Camposanto
    • 2 euros entrar al Duomo (Se puede entrar gratis a la zona de plegarias y admirar los grabados y el estilo de la catedral, pero aconsejo pagar la entrada, ya que es lo único que “desahoga” nuestro bolsillo y merece la pena el deleite que proporciona su interior).

    Otras cosas para ver:

    • Piazza dei Cavalieri
    • Santa Maria della Spina




    Y tras un frenético día por las dos ciudades de la Toscana occidental, terminamos nuestro
    ‘giro toscano’ a las 00:10 de la noche, cuando volvimos a nuestra Bologna, enclavada en el interior de las llanuras emilianas bajo una noche despejada y tranquila.

    ¡Saludos!

    Rubén

    De Romeos y Julietas

    | Etiquetas: , | Posted On 4 de mayo de 2010

    A penas volvimos de San Marino con las baterías a medio gas, hicimos los deberes en Bolonia (cuestiones universitarias) y nos volvimos a colgar la mochila para vivir dos jornadas maratonianas que nos llevarían a visitar tres ciudades italianas. Una en el Véneto y dos en la Toscana. La primera pusimos rumbo al norte para pintar de amarillo la chincheta de… ¡Verona! ¿Qué hacer con 14 euros en el bolsillo? Pues comprar un billete de tren de ida y vuelta a la ciudad de Romeo y Julieta. Muchos de los Erasmus de Bolonia ya habían conquistado anteriormente esta localidad, que dista de Bolonia unos 142 kilómetros (una hora y veinte en tren regional). Y nosotros no íbamos a ser menos, sólo que reservamos la visita para ir acompañados de Mireia, que volvió de nuevo a tierras italianas preparada para correr la maratón con nosotros.

    Si queréis viajar a Verona pero no sabéis qué ver ni cómo idear un itinerario, lo mejor es acercarse a la oficina de información turística de la Piazza Bra. Allí podéis coger mapas y folletos de la ciudad, y asesoraros por las empleadas. Nosotros, sin saber qué ver, optamos por comprar la “VeronaCard”, una tarjeta válida para un día, que permite visitar 13 lugares veroneses que el turista no debe perderse por 10 euros. A saber algunos de ellos... El Anfiteatro Arena de Verona, la Torre dei Lamberti, la Casa y la Tomba de Julieta, el Teatro Romano y varios museos e iglesias.

    Consejo: es muy recomendable comprar la tarjeta, ya que en Verona se paga por ver todos sus monumentos y los precios no son muy económicos. El Arena cuesta 6 euros, la visita a la casa de Julieta otros 6, las visitas a las iglesias 2… y así en todos los rincones que ofrece Verona previo pago. Por tanto, es preferible desembolsar 10 euros que rentabilicen las visitas a los monumentos de la localidad.

    Verona es visitable en un día. Empiezas el ‘giro’ en el Arena, que a día de hoy se emplea para celebrar conciertos de ópera y otros actos. Y de ahí, puedes desplazarte hacia la casa de Julieta y dejarte llevar por la romántica historia que inventó Shakespeare. Verona vende a la perfección el mito de los dos amantes. Aún se desconoce si existieron de veras y si el balcón desde el que saludar y hacerse la foto de rigor (que cuesta seis euros subir), fue realmente desde el que Julieta se asomaba a buscar a Romeo. Pero lo cierto es que eso no importa a los miles de turistas que acuden a la casa de los Capuleti a sentirse Julieta por un segundo.

    En resumen, si viajáis a Verona estáis obligados a recorrer sus calles, que son Patrimonio de la Humanidad; a amortizar la Verona Card visitando iglesias y museos; a subir al punto más alto de la ciudad (la Torre dei Lamberti, incluida en la tarjeta) y a pasear por el ‘Lungadige’ (las riberas del río Adigio, que atraviesa la ciudad).


    Y esto es lo que dio de sí, la primera de las dos jornadas viajeras con las que despedimos el mes de abril y recibimos mayo.

    ¡Saluti!

    Rubén y Salva

    Il piccolo bambino

    | Etiquetas: , , | Posted On 3 de mayo de 2010

    Abril es un mes que se despide con viajes y abre boca para la que se avecina en mayo. Como si de una matrioska se tratase, nuestro próximo destino surgía del interior de las colinas de la Romaña y Las Marcas (otra de las regiones de Italia). Así pues, desde nuestro calendario colgado detrás de la puerta de entrada pedía paso la obligada excursión a Rímini y San Marino.

    De la mano de Alberto, un compañero italiano de la universidad, llegamos a Rímini, la Santa Pola italiana, enclavada a orillas del Adriático. Rímini es una pequeña ciudad que sirve de veraneo a los italianos de la región por sus playas y el ocio de las discotecas y los locales nocturnos.

    Con un cappuccino en el cuerpo para entrar en calor después de un calabobos intermitente, seguimos las huellas romanas de Ariminum –el nombre del la ciudad en los tiempos del Imperio Romano, que tras el Arco de Augusto, el Puente de Tiberio, el Anfiteatro y la Domus; nos llevaron hasta un plato de verdadera carbonara italiana en Santarcangelo di Romagna, el pueblecito donde vive Alberto.


    La lluvia seguía salpicando los cristales de las ventanillas del coche cuando salimos de Santarcangelo en dirección al quinto Estado más pequeño del mundo para ver al piccolo bambino que duerme acurrucado entre los Apeninos tosco-romañoles. Sólo que allí la lluvia se alió con una espesa niebla que “nubló” (nunca mejor dicho) el encanto de aquel país. Próxima parada: San Marino.

    Enclavada sobre el Monte Titano y coronada por sus famosas tres torres, Ciudad de San Marino, la capital, rápidamente se abrió paso entre las nubes a nuestra mirada turista. Subimos las empinadas cuestas de la ciudad palpando casi a ciegas la personalidad de sus calles y conseguimos un tesoro muy ansiado: un euro del país.

    Oficialmente, la moneda de San Marino es el euro con el cuño propio de la nación, pero monedas “sanmarinenses” en circulación hay muy pocas porque se usa sobre todo el euro italiano. En las tiendas de souvenirs se pueden encontrar estuches con las monedas por 10 euros. En principio, los euros con el sello del país son sólo para coleccionistas, pero desde este año se han puesto en circulación “a gran escala” y aunque hay muy pocos, si te las ingenias bien puedes conseguir que en algún comercio te cambien una moneda por un euro “normal”.

    Con la niebla, la noche cayó antes de lo normal. Abandonamos San Marino con la sensación de haber estado en ninguna parte y para reparar esa sensación de vacío, llegamos a Santarcangelo y la llenamos con una exquisita cena de piadinas (especialidad típica de la Romaña).

    Para bajar la cena: un paseo inolvidable por Santarcangelo di Romagna, un pueblecito en el que se respira un ambiente tranquilo y familiar. Un pueblecito de calles adoquinadas y casas antiguas por las que todavía pasa el lechero para llevar la leche fresca y en el que aún se puede jugar con el balón en la calle sin preocuparse del tráfico. He ahí las fotos.



    Para acabar la excursión, cerramos la noche en muy buena compañía en una vinoteca degustando un Malvasia con música en directo. ¿Qué más se puede pedir?


    ¡Saludos!

    Rubén

    El cielo abierto

    | Etiquetas: , | Posted On 22 de abril de 2010

    Cuando todas las compañías ya habían empezado a volar, Ryanair todavía tenía canceladas sus rutas. Quizás por miedo a la nube de cenizas o quizás porque ya lo había anunciado con demasiada antelación; pero en realidad lo que estaban haciendo es preparar una campaña de marketing a lo grande.

    Esta compañía ya nos tiene acostumbrados a spots llamativos. Desde Sarkozy hasta la Reina han sido protagonistas de sus anuncios. Pues bien, ahora ha sido el turno al Eyjfjall, el volcán islandés. En lugar de echarse las manos a la cabeza como el resto de compañías aéreas, y lejos de lamentarse por las pérdidas de estos días, han hecho leña de las cenizas caídas y han lanzado una súper oferta

    Y nosotros, asiduos a la compañía de bajo coste no hemos desaprovechado la ocasión. Después de un par de llamadas a Frantisek para ajustar fechas y con el calendario en la mano para que no nos coincida con otros viajes, hemos re-organizado nuestra visita a Centroeuropa.

    Esperemos que con el segundo intento sea suficiente, y podamos visitar las cuatro capitales europeas más próximas entre sí. Entre el 27 de mayo y el 1 de junio vamos a intentar ver no sólo Bratislava, sino también Budapest, Viena y Praga. Lo bueno de esta oferta es que no sólo hemos recuperado el dinero del anterior viaje frustrado; sino que además nos ha salido más barato.


    Al final vamos a tener que unirnos al grupo de Facebook “Ryanair es el mejor amigo de un Erasmus”.

    Un saludo viajero, Salva

    A los pies del Vesubio (II)

    | Etiquetas: , , , , | Posted On 21 de abril de 2010

    Sepultada bajo las cenizas de un gigante dormido, Pompeya también ocupó unas horas de nuestro viaje napolitano, aunque si bien fueron pocas. Las ruinas de aquella urbe arrasada en el 79 d.C. salpicaban las colinas tapizadas de hierba bajo la atenta mirada del orgulloso Vesubio.
    De la mano de un guía turístico recorrimos las calles pompeyanas descubriendo entre guijarros y columnas desportilladas la historia de la antigua ciudad romana. Allí entramos, ficticiamente, a la vinatería (donde se conservan los recovecos excavados en la piedra para añejar el vino Vesuvinum –propio de la región–), a los templos, a las termas, a la panadería (donde aún se erige el horno donde cocían el pan y en el que se encontraron 33 panecillos carbonizados intactos después de la erupción, -alguien se olvidó de apagar el horno-) y entre otras cosas, al lupanar (donde pompeyanos y extranjeros eran atendidos por los “servicios sociales”, según dijo el guía).

    Además, en Pompeya también nos dio tiempo para perder la compostura recreando la famosa imagen de los Beatles en Abbey Road o bien sacar alguna que otra fotografía poco seria (como sacar fotos instantáneas de nuestros saltos desde las columnas). /Todas ellas en el Picasa/.

    La visita de la ciudad terminó en el supermercado, pero no en uno antiguo, sino en uno bien moderno llamado Carrefour. Situado fuera del complejo arqueológico, la multinacional francesa fue parada obligada, aunque nos robase horas de ocio en Pompeya, para comprar (cómo no) bebida y algo de víveres con los que alimentar el picnic del día siguiente en Capri.

    La pequeña isla del golfo napolitano fue el próximo destino. Casas colgando de las faldas de las montañas pintadas por la brisa mediterránea, estrechas callejuelas combinando los negocios locales de ultramarinos con las boutiques de grandes marcas, y un sinfín de senderos que recortaban las sinuosas pendientes de los acantilados y nos precipitaron hacia los ‘faraglioni’. Un conjunto de calas y grandes rocas que surgían del mar donde tomamos el sol al más puro estilo cañí, llenamos el estómago con la compra carrefourniana y hasta nos remojamos los pies (algunos el cuerpo entero) en aquellas aguas cristalinas infestadas de medusas violetas.

    Capri nos dejó impregnado en el cuerpo el olor a sal y a brisa marina del que poco después nos deshicimos con una buena ducha y una exquisita cena en un restaurante napolitano, “Lo squalo” (el tiburón). Junto a nuestro inseparable checo, un asturiano, un castellanoleonés y una serbia que hablaba siete lenguas, degustamos el pescadito del golfo de Nápoles (ése que los pescadores exhibían en improvisadas lonjas) y la especialidad de la “casa”, la pizza napolitana (dos “Vesubios”, una “Tonnata”, una “Caprese” y dos “4 stagioni”). Y de postre, un dulce típico napolitano, la “pastiera”, una torta echa de harina, huevos, ricotta, leche y los trucos del artesano.

    Para poner el broche a nuestra escapada a Nápoles y alrededores, la última escala la hicimos en Caserta, un municipio situado al norte de la región, que alberga el Palacio Real de Casa Borbón-Dos Sicilias. Caminamos entre alfombras con siglos de historia y bajo lámparas suntuosas que iluminaban los frescos de los techos de las estancias. Andamos 6 kilómetros por los jardines reales, inmortalizamos los momentos de cansancio y desvaríos bajo la lluvia, y esprintamos en los últimos segundos antes de volver al autobús en una ajustada competición maratoniana entre España, República Checa y Serbia en la que la primera fue la clara vencedora.

    Sin duda, un viaje inolvidable que nos deja nuevos amigos, amplía fronteras y prepara el terreno para el que será el último viaje ESN, la Apulia (Puglia –el tacón de la bota–).

    Ecco qua! Las fotografías de la “gita” (excursión) a Nápoles y alrededores.

    ¡Saludos!

    P.D. Iremos actualizando los álbumes picasa con nuevas fotos. ¡Atentos!

    Rubén

    Volcanizados

    | Etiquetas: , | Posted On 20 de abril de 2010

    Nuestra subida al Vesubio se vio deslucida por la erupción de otro volcán. El Eyjafjalla despertó poco antes de asomarnos al de Nápoles. Entonces las informaciones que nos llegaban eran muy confusas. Que si miles de evacuados. Que si la nube de gases tóxicos amenazaba a la población. Que si los vuelos de Inglaterra se suspenden. Y los de Bélgica. Polonia, Noruega y Suiza. Que si media Europa paralizada…

    Y nosotros en medio de las ruinas de Pompeya: una ciudad que hace 2000 años quedó sepultada por una erupción parecida. Pasaban los días y poco a poco recibíamos más noticias. Y cada vez más contradictoria. Ahora ya no se podía volar ni a Logroño ni a Gijón. Una vez que vimos las imágenes por televisión de la erupción y las fotos en los periódicos, nos dimos cuenta de la magnitud del asunto.

    En realidad no nos habría preocupado tanto el asunto del volcán, de no ser porque esta semana teníamos que viajar a Bratislava. Era un viaje que habíamos planeado con Frantisek (el checo) para visitar Centroeuropa, ya que íbamos a ver Budapest, Viena y finalmente Praga. De esa forma comenzamos a interesarnos por la fecha de reapertura del espacio aéreo europeo. Y eso ya fue el acabose. Nos llegaron a decir incluso que tardaría hasta seis meses. Y mientras nosotros veíamos como se acercaba el día de irnos y los aviones seguían ‘aparcados’.


    Ver Vaya Plan Es Bolonia en un mapa más grande

    Por fin llegamos a casa y aunque algunos países ya tenían abiertos sus cielos,Ryanair fue tajante. ‘Cancelados los vuelos hasta el miércoles 21 de Abril’. Así que con más pena que rabia hemos cancelado las reservas de los hoteles y devuelto los billetes de tren que teníamos comprados.

    ¡Qué se le va a hacer! Siempre nos quedará el Google Earth...

    Eso sí, ya que vamos a pasarnos esta semana aquí en Italia, no pensamos desaprovechar ni un minuto… Ya os iremos contando.

    Salva.

    A los pies del Vesubio (I)

    | Etiquetas: , , , , , | Posted On 19 de abril de 2010

    Pensaba que en Italia, por ser un país alargado, las carreteras iban a ser líneas rectas que recorriesen las ciudades “da nord a sud”; y por tanto no me iba a marear. Y encima que como iba a viajar de noche, iba a pasarme todo el trayecto dormido. Pero ni con esas conseguí librarme del “male di macchina” (mareo). Al final, tras una noche movidita llegamos a Nápoles, la capital del sur italiano.

    Antes de adentrarnos en esta megalópolis, unas recomendaciones: llevar siempre la cartera en los bolsillos delanteros, con un máximo de 30€ en efectivo; no separarse del grupo y mucho menos recorrer las callejuelas; alejarse de los trileros y vendedores ambulantes, que ofrecen IPhone’s por 50€; y sobre todo no cruzar la calle sólo. Y es que Nápoles es una caos organizado, donde los coches no respetan ni los semáforos, ni las señales y mucho menos los pasos de cebra. A modo de curiosidad, tres de cada cuatro coches tenían una abolladura o un faro roto. La ciudad tiene fama, mejor dicho mala fama, de ser conflictiva. Obviamente no vimos a El Padrino, pero el ambiente de trueques y chanchullos está presente hasta cuando vas a comer a un restaurante.

    Aun así es una ciudad con un encanto particular. Es cómo viajar a una película de Fellini, donde todavía las mujeres mayores bajan la basura con un cordel desde el balcón, y se llama a los niños por la ventana para cenar, porque están jugando en medio de la calle (aunque por ésta pasen coches). Y todo coronado por el gran Vesuvio (en italiano la segunda se escribe con ‘v’ y no con ‘b’).

    El horizonte es completamente plano: a un lado el mar Tirreno y al otro la llanura de la “Campania”. La línea recta sólo se rompe por el impresionante volcán, y sus colinas contiguas. Entre ellas alguna por las que se esparce la ciudad. Y es que Nápoles es un sinfín de bloques de edificios a modo de colmena, unidos por cientos de tendidos eléctricos y farolas colgantes.

    La ESN lleva haciendo este viaje desde hace siete años, así que ya saben cómo moverse por la ciudad. Nos hicieron un tour por las principales calles llenas de puestos ambulantes. Unas cuantas fotos en la antigua fortaleza y una “gelatto” en la plaza del Plebiscito completaron la jornada, que acabó con una cena a base de pizza al modo napolitano (no, no existe una ‘pizza napolitana’, como no existen los ‘spaghetti a la boloñesa’. La pizza se caracteriza en Nápoles por tener los bordes gordos, no por los ingredientes que lleva). Otro de los platos típicos de la región es el pescado que en la mayoría de restaurante suele ser fresco. Aunque también lo puedes comprar directamente a los pescadores; y es que vimos como al desembarcar en la playa, montaban improvisadas lonjas donde exhibían los animales todavía vivos y coleando.

    Todos los viajes de la ESN incluyen de alguna forma el alcohol en su agenda y éste no iba a ser menos. Lo que pasa es que cada uno se lo toma como quiere. Están quienes fomentan el mito de Erasmus igual a borrachera continua; y quienes no dependemos de una botella para pasar una noche de fiesta. De esa forma, cuando cayó la noche nos reunimos en la terraza del hotel, y compartimos unas risas a los pies del Vesubio.

    A grito de “sveglia” (despertador), a las ocho de la mañana nos preparamos para subir al Vesubio. Una vez arriba del volcán, cuando visitábamos el cráter y después de que la guía nos contase cómo fue la explosión del 79 d.C. que sepultó Pompeya, nos enteramos que media Europa estaba sobrevolada por las cenizas del volcán de Islandia. En el que estábamos sólo salían pequeñas columnas de humo, que la guía se apresuró a decir que eran normales chimeneas naturales de vapor de agua. Pero por si acaso, nos hicimos la foto y bajamos rápidamente de allí. Eso sí, ya podemos decir “yo he estado en el cráter de un volcán”.

    Y así, como la lava, descendimos dirección Pompeya. Pero eso ya es otra historia...

    Ahora os dejo con las fotos de esta primera parte




    Hasta entonces, un saludo boloñes. Salva.

    En un lugar de la Umbría

    | Etiquetas: , , , | Posted On 31 de marzo de 2010

    Hace unas semanas, cuando apenas habíamos deshecho las maletas de nuestra escapada a Roma, un nuevo viaje tenía cita en nuestro calendario: Asís, Perugia y Siena. Para nosotros fue el primero con la ESN, pero desde luego, no el último (estamos preparando ya la visita a Nápoles y alrededores).

    Coger un autobús a las 7:00 de la mañana no es agradable para nadie y más si el punto de encuentro está en la otra punta de la ciudad, pero desde el minuto 0 comenzamos a notar el ambiente Erasmus y la historia prometía. Tres ciudades en tres días y un puñado de amigos que hicieron del viaje un recuerdo inolvidable.

    Pusimos rumbo a la Umbría (una región del centro de Italia) con un grupo de españoles animando el ambiente en el fondo del autobús. Y tras largas horas peleando con las sinuosas curvas de las carreteras y la nieve acumulada en el asfalto, llegamos finalmente a Asís. Eso sí, con retraso, una variable constante durante todo el viaje.

    En el pueblecito de Asís, “de donde es San Francisco”, un guía narró toda la historia del municipio, de la región (el pueblo de los umbros –los hijos de la lluvia-) y de la capital: Perugia, que surgía en lo alto de una colina en medio de la niebla.

    Los perusinos nos recibieron con retraso esa misma tarde. Tres vueltas a la ciudad antes de bajar del autobús y la noche cayó sobre las montañas como un relámpago en Perugia. Allí sólo nos dio tiempo a instalar las maletas en el albergue y recorrer en media hora una ciudad que en mi opinión no tuvo nada que ofrecernos o el guía que nos acompañó no supo mostrarnos. La última parada del ‘giro’, el supermercado. Sí, una tienda para comprar alcohol y calentar motores para la gran fiesta que se celebraba en una discoteca a unos kilómetros de la ciudad. Svegliaaaaaaaaaaaa! Esa fue la frase con la que a las 7:00 de la mañana del día siguiente se despertaron muchos y muchas. Con el alcohol fluyendo aún por las venas y la resaca que aumentaba ligeramente tras cada kilómetro recorrido, nos tomamos un desayuno rápido y... ¡hacia las Cascate delle Marmore!, un paraje natural que sirvió para abrirnos los pulmones y airear el mareo de algunos. Armados con chubasqueros (verdes, rojos, blancos y azules), pusimos en práctica las rutas de senderismo que había marcadas en el recinto, y acabamos salpicados, y otros empapados, por la corriente de los saltos de agua.



    En el ecuador de nuestro viaje, dejamos atrás la Umbría y pisamos fuerte en la Toscana. Una región soleada, cálida y en la que todos notamos que el viaje dio un giro considerable (a mejor) con la llegada a Siena.

    Según la leyenda, la localidad fue fundada por Asquio y Senio, hijos de Remo (hermano de Rómulo, fundador de Roma) sobre las tres colinas sobre las que se asienta. Siena, la ciudad italiana de los banqueros se abría a nosotros en una tarde que se iluminaba por las antorchas que colgaban de los edificios históricos de la Piazza del Campo. Allí celebraban un mercadillo medieval donde degustamos el queso toscano, el aceite de la región, o los dulces típicos artesanos, entre otros productos. Paseamos por sus entramadas callejuelas, visitamos el Duomo, la Piazza del Campo con su famosa torre y llenamos el estómago con una cena deliciosa, en la que lo mejor fueron los cócteles del Barón Rojo, un pub sienés.

    Y para terminar… día de relajación. Tras un recorrido por las llanuras toscanas salpicadas de cipreses y de ruedas de paja, y una comida con productos típicos de la zona (tomates caseros con pan de pueblo, salchichón con hinojo y otro tipo de embutidos, y vino toscano), llegamos a… ¡las termas! Un balneario donde invertimos las últimas horas de nuestro viaje sumergidos en relajantes aguas.

    He aquí las fotografías que atestiguan los hechos.

    ¡Saludos!

    Rubén